Temo haber vivido mi vida como si ello fuera un simulacro,
como
si yo tuviera el don de vivir por mí dos veces,
de haber dejado
a un lado la que importa
en prenda de una vez futura,
y haber malgastado en borradores
la presente.
De no saber que la vida sucede a medida que
sucede,
y que no hay una vida en serio y otra vida de
licencia.
Que cada ensayo, cada error, en suma, forman
las
constantes y variables del álgebra de la existencia.
Y en
esa ecuación que es cosa resuelta estamos,
esbozada débilmente
en el margen de un folio en blanco.
Siento no haber sido tan
audaz,
de un trazo algo más firme,
haber perdido un tiempo de oro
en pruebas y ensayos.
Y ahora es tarde,
algo
tarde,
pues temo ir ya malherido.
Temo haberme
consumido
como si yo tuviera el don
de vivir dos
veces.
Temo haber vivido mi vida como si ello fuera un
simulacro
y he sido un mal actor confiando en la noche del
estreno.
Pero qué vida será la que prolongue o dé segundas
funciones,
si en ella todo es rol improvisado y relleno.
Temo
haberme pasado la vida reuniendo el valor que me falta
y
declarando intenciones solemnes frente a un espejo,
dejando las
cosas para una mejor ocasión que no llega.
En el fondo he
estado siempre en babia y con la mente muy lejos.
Temo
haber vivido mi vida como si ello fuera un simulacro,
como si yo
tuviera el don de vivir por mí dos veces,
de haber dejado a un
lado la que importa en prenda de una vez futura,
y haber
malgastado en borradores la presente.
Rafael Berrio