No me pidas la vida. Sólo puedo ofrecerte
los ojos ciegos de una libélula disecada,
un libro sin concluir repleto de obsesiones,
un refugio con un solo cuarto de baño
y salón con vistas a la esperanza.
Sólo puedo ofrecerte
una caja de música herencia de un abuelo,
un reloj con insomnio,
un sueño social defraudado y sepulto,
el billete de un tren que nunca partió,
un estante colmado con jarrones de vidrio
cada uno albergando
el cadáver de un sueño.
Puedo ofrecerte
un páncreas propenso a la tristeza,
la cartilla de racionamiento de la felicidad,
un D.N.I. con la foto de un muerto,
el esqueleto roto de mi infancia,
la hora de la tarde
cuando abren los dondiegos.
Sólo puedo ofrecerte
un candil tirano
de miserable soledad entre las pitas.
No me pidas la vida.
Juan José Vélez Otero
Mostrando entradas con la etiqueta Juan José Vélez Otero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan José Vélez Otero. Mostrar todas las entradas
martes, 28 de diciembre de 2010
miércoles, 22 de diciembre de 2010
El espantapájaros
Le amaneció
sentado en la misma piedra,
mirando
al mismo horizonte,
con el mismo rocío
mojándole la tristeza.
El mismo frío
en la piel de los huesos,
el mismo gusto a pozo seco
en la saliva dulce
y el mismo olvido
por las cenizas del aire.
Quiso retener
el tiempo entre los dedos
contando las monedas de las horas,
las únicas ganancias
que traían las luces
nuevas de la primavera.
Sintió ser feliz
por un momento,
como si tuviese el don
de resucitar a las mariposas.
Le amaneció sentado.
Se levantó,
cambió de piedra
y siguió mirando al mismo horizonte
con los mismos ojos
vigilantes de pájaros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)