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domingo, 4 de febrero de 2018

Cuando yo me haya ido


Cuando ya no esté aquí,
Y no estén mis ojos, ni mis manos
Ni los huecos abiertos a tus besos
Ni quede la memoria de mi infancia,
Sonarán todavía las palabras salidas de mi boca.
Las palabras escritas con consonantes duras
que lancé contra el mundo con mi lengua de piedra.
Y quedará lo claro de mi alma que quiso iluminar los días,
Y la cólera roja explotando las horas,
Y como una lagartija, quedará la impaciencia
Reptando por el suelo.
Quedará sobre el barro el aliento del beso
Y lo sólido reposará bajo la tierra:
El resto transparente de mis uñas,
los dientes que mordieron labios
Lo que quede de mis huesos frágiles
Que quisieron ser alas sin lograrlo.
Y ceniza, habrá ceniza.
Ceniza de la noche hacia la noche,
de la risa contigo en las mañanas,
ceniza del dolor,
ceniza de mis piernas caminando
ceniza del cansancio.
En algún sitio de este mundo,
Cuando yo me haya ido
Aun quedará el hueco de mi cuerpo sobre el suelo
Y la sombra del tuyo sobre el mío.



Beatriz Gimeno






viernes, 2 de febrero de 2018

Invisible


En las tardes de luces que ya no iluminan
me siento a escribir con el corazón seco.
En la habitación pequeña del alma quejumbrosa
me esfuerzo en la escritura de aquello que es más mío
para así poder ser ante los otros.
Extraigo lentamente lo que vive en lo oculto
y lo enredo despacio en mis palabras.
Dejo caer la vergüenza, lo mismo que la ropa
Lo pongo todo encima de la mesa
como una estrella falsa a la que todos miran.
Abalorios baratos,
reflejos opacados de luna en los cristales sucios
En realidad no estoy sobre esa mesa.
Me devoro y me muestro devorada,
escindida, ahogada en el mar de las palabras.
En mi sólo está el hueco de la vida,
el río que se pierde entre tumbas sin nombre.
Silencio roto sólo por esa que me mira
cuya palabra llega a pesar de los ecos
que ahora también callan.

Beatriz Gimeno


domingo, 28 de enero de 2018

La ciudad de la abundancia


No nos levantará la rabia de la tierra
ni nos impulsará la ira a conquistar la ciudad.
No nos levantaremos entre cantos de justicia
a derribar murallas que nos cercan
porque nos han dicho que la ciudad es nuestra
y eso nos ha bastado.
Porque es cierto, todos vivimos dentro.
Y quien no vive dentro vive fuera, pero tiene una casa,
y si no tiene una casa tiene una cama
y si no,  tiene una manta.
Y si no tiene una manta tendrá al menos un cartón.
¿Quién no tiene un cartón para cubrirse el cuerpo,
para abrigarse cuando hace frío en la ciudad de la abundancia
y las noches se alargan y caen como cristal sobre los cuerpos?
Y porque todos tenemos al menos un cartón
no nos levantará la rabia de la tierra,
porque nos han dicho que el cartón es nuestro
y eso nos ha bastado



Beatriz Gimeno



lunes, 22 de enero de 2018

Obligatorio ser feliz


Declaro que es urgente ser feliz.
A partir de ahora es obligatorio despejar el corazón y la cabeza,
Desde hoy mismo es imprescindible librarse de la pena,
Raspar este dolor tan aferrado a la conciencia que se ha hecho cuerpo y órgano con ella
Abrir de par en par las puertas,
Y de ahí, del exterior, elegir lo más claro
Desde esta misma tarde queda establecida la obligación de ser feliz
De ser contigo, de ser conmigo misma,
De dejar que se pierda para siempre el recuerdo malsano del  dolor ya podrido,
De encontrar otras rutas que soñamos que existen,
de caminar despacio disfrutando el camino que nos marcan los pies.
Ahora mismo, ya, tenemos, tu y yo, la obligación de ver salir el sol,
de verlo ponerse,
la obligación de mirarnos a los ojos  y  reirnos
De leer el periódico, de tomarnos juntas un café,
de respirar despacio, de comernos un pollo con las manos
y de acariciarnos luego con esas mismas manos.
Me impongo la obligación de no morirme a cada paso,
Te impongo el deber de seguir viva
De caminar erguida por la vida,
De librarme del miedo que me pesa en la espalda;
De liberarte a ti, para que no te mueras en mis brazos.
Desde esta tarde misma estoy obligada a responder al teléfono si suena,
A ser amable, a ser sincera, a no esconderme, a no llorar por las esquinas.
A encender las luces por la noche
y tener buenos sueños, de ovejas y  de lobos que se quieran




Beatriz Gimeno