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domingo, 8 de noviembre de 2020

La mujer del granjero

 


Desde las gachas de avena
inscritas en la lujuria campestre
de su vida doméstica en Illinois,
donde cada hectárea simula ser
una floreciente fábrica de escobas,
se nombran los años: han pasado ya diez
desde que ella se convirtió en su rutina;
en la de él, que esta noche repetirá
cariño, vamos a hacerlo
y en cambio ella callará su creencia
de que la vida debe ofrecer algo
más allá de ese breve lapso luminoso
ofrecido por una cama ronca, incluso
más allá de su forma lenta y ciega de tocarla
como una luz inmensa y pesada,
aquel viejo engaño del amor
que ella sigue anhelando a pesar
de que aún la abandona a su suerte,
se construye de nuevo al fin,
a mentes de distancia de él, cuando habita
su propia identidad en sus propias palabras
odiando las labores domésticas de la casa
que ambos conservan cuando al fin descansan
aislados ambos en sueños distantes
y ella lo observa con atención,
fuerte, inmerso en la sólida burbuja
de su sueño habitual mientras
su juventud es desperdiciada encima
de esa misma cama de matrimonio
y lo imagina, lo anhela lisiado, o poeta,
o hasta solitario, o a veces,
incluso mejor —querido mío— muerto.

Anne Sexton

 



viernes, 25 de octubre de 2013

Palabras


Ten cuidado con las palabras,
incluso con aquellas milagrosas.
Para las milagrosas hacemos lo mejor posible,
a veces se enjambran como insectos
y dejan no una picadura sino un beso.
Pueden ser tan buenas como los dedos.
Pueden ser tan confiables como la roca
sobre la que apoyas tu trasero.
Pero también pueden ser tanto margaritas como moratones.

Aún así, estoy enamorada de las palabras.
Son palomas que caen del techo.
Son seis naranjas sagradas posadas en mi regazo.
Son los árboles, las piernas del verano,
y el sol, su apasionado rostro.

Aún así, me fallan a menudo.
Tengo tanto de lo que quiero decir,
tantas historias, imágenes, proverbios, etc.
Pero las palabras no son lo suficientemente buenas,
las equivocadas me besan.
A veces vuelo como un águila,
pero con las alas de un gorrión.

Pero intento tener cuidado
y de ser suave con ellas.
Las palabras y los huevos deben ser tratados con cuidado.
Una vez rotos,
son cosas imposibles de reparar.



Anne Sexton

jueves, 9 de febrero de 2012

Los bombarderos

Nosotros somos América.
Somos los que rellenan los ataúdes.
Somos los tenderos de la muerte.
Los envolvemos como si fuesen coliflores

La bomba se abre como una caja de zapatos.
¿Y el niño?
El niño decididamente no bosteza.
¿Y la mujer?
La mujer lava su corazón.
Se lo han arrancado
y se lo han quemado
y como último acto
lo enjuaga en el río.
Este es el mercado de la muerte.

¿Dónde están tus méritos,
América?