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martes, 19 de mayo de 2020

Y antes de arrojarlo


Lo levanté mucho más temprano que otros días
porque ahora la entrada es a las ocho.
Desayunamos fuerte;
le puse en la mochila varios lápices y gomas
y dos paquetes de colores, por si acaso.
Lo abrigué completamente
y le prohibí quitarse la chamarra
a pesar de que el sol ya comenzaba a calentarnos.

Con un cordón até a su cuello
un letrero que indicaba que ese niño
era el mío.


Lo acerqué a la puerta
y antes de arrojarlo a la soledad de la primaria
le dije que mi amor por él es infinito.
Se dirigió a la fila,
que es el patíbulo primero que recuerdo,
y vi cómo valientemente
caminó, sin voltear, hacia el salón.

 Dalí Corona

jueves, 22 de febrero de 2018

A TI MAESTRO, A TI MAESTRA

(A todos mis compañeros y compañeras con los que he compartido ilusiones y esfuerzos a lo largo de mi vida profesional.)


A ti, que entregas tu vida en las aulas de escuelas
de siempre, a niños y niñas de todos los tiempos.
A ti, que, en tu dura y hermosa tarea, derramas el
alma en cada proyecto.
A ti, que en los ojos de niños y niñas te miras atento
y descubres que en su brillo llevan la luz que les diste del conocimiento.

A ti, que sabes amar sobre el libro abierto y te llevas
a casa, en silencio, las dudas, las quejas, las incertidumbres
y algunos secretos… para luego, al llegar la mañana,
proseguir el camino, de nuevo.
                               
                             Hoy te canto, maestra.
Hoy te canto maestro.
Hoy os quiero cantar una copla
que esté hecha de infancia y sueños.
Una copla que sepa a Septiembre
y que tenga el olor del romero.
Una copla que vaya diciendo
que, en el corazón de cualquier niño,
duerme el alma de alguna maestra,
duerme el alma de quien fue su maestro.

Lourdes Soriano Arias

martes, 5 de junio de 2012

El burro en la escuela

Una y una, dos.

Dos y una, seis.

El pobre burrito

contaba al revés.

-¡No se lo sabe!

-Sí me lo sé.

-¡Usted nunca estudia!

Dígame ¿por qué?

-Cuando voy a casa

no puedo estudiar;

mi amo es muy pobre,

hay que trabajar.

Trabajo en la noria

todo el santo día.

¡No me llame burro,

profesora mía!


Gloria Fuertes

lunes, 1 de junio de 2009

Aprender a mirar

Aprender a mirar de otra manera.
Aprender a confíar de un nuevo modo.
Aprender a esperar
como si el mundo se estuviera haciendo.
Aprender,aprender...
Aprender todo desde el entusiasmo
sin apoyar el corazón en lenguas muertas.
Aprender a vivir
continuamente:
ser los discípulos
de un profesor que no da títulos
que ejerce una sabiduría
provisoria y mudable:
ser los aficionados al conocimiento
los aprendices
para siempre
los que se morirán
ignorantes
de casi todo.

Francisca Aguirre

lunes, 2 de marzo de 2009

Con las mismas manos de acariciarte..

Con las mismas manos de acariciarte estoy construyendo una escuela.

Llegué casi al amanecer, con las que pensé que serían ropas de trabajo,
Pero los hombres y los muchachos que, en sus harapos esperaban
Todavía me dijeron señor.
Están en un caserón a medio derruir,
Con unos cuantos catres y palos: allí pasan las noches
Ahora, en vez de dormir bajo los puentes o en los portales.
Uno sabe leer, y lo mandaron a buscar cuando
supieron que yo tenía biblioteca.
(Es alto, luminoso, y usa una barbita en el insolente rostro mulato.)
Pasé por el que será el comedor escolar, hoy sólo señalado por una zapata
Sobre la cual mi amigo traza con su dedo en el aire ventanales y puertas.
Atrás estaban las piedras, y un grupo de muchachos
Las trasladaban en veloces carretillas. Yo pedí una
Y me eché a aprender el trabajo elemental de los hombres elementales.
Luego tuve mi primera pala y tomé el agua silvestre de los trabajadores,
Y, fatigado, pensé en ti, en aquella vez
Que estuviste recogiendo una cosecha hasta que la vista se te nublaba
Como ahora a mí,
¡Qué lejos estábamos de las cosas verdaderas,
Amor, qué lejos -como uno de otro!
La conversación y el almuerzo
Fueron merecidos, y la amistad del pastor
Hasta hubo una pareja de enamorados
Que se ruborizaban cuando los señalábamos, riendo,
Fumando, después del café.
No hay momento
En que no piense en ti.
Hoy quizás más,
Y mientras ayude a construir esta escuela
Con las mismas manos de acariciarte.


Roberto Fernández Retamar

martes, 30 de diciembre de 2008

Educar

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca,
hay que medir, pensar, equilibrar,
y poner todo en marcha.

Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata,
un poco de poeta,
y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar,
mientras uno trabaja,
que esa barca, ese niño
irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestro propio barco,
en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.

Gabriel Celaya