Mostrando entradas con la etiqueta Ana Muela Sopeña. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ana Muela Sopeña. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de diciembre de 2018

MARGINADOS




La orfandad nos acecha
con aislamiento frío en el mutismo.
En medio de las sombras deliran los cartílagos
y la luz se resiste
a que todo en nosotros sea un hueco
de carencia y marasmo.
El animal que rige nuestra piel
efectúa la huida a un bosque oculto,
donde la luna escapa al Gran Hermano.

Nos persigue el exilio
en la desolación de terremotos
y en el cuerpo del mundo el agua nos sumerge
en la ciudad de arena.
Las nubes contaminan nuestros bronquios
con trazados de chemtrails.
En el viaje la alquimia nos da vértigo,
la desnudez nos llena de peligros
y olvidamos lo efímero de todo.

Los refugiados miran
con miedo sobre el sol de medianoche
y un pánico de niebla el declive del Nasdaq.
El petróleo dirige
el llanto de los niños de la Tierra
y una lágrima cae
en los labios hambrientos de los hombres,
mientras un grito agónico de ancianas
horada la memoria de la gente.

Prostitutas muy jóvenes
se hacinan en los cuartos y no salen
a contemplar las horas en la nostalgia apátrida
que el barro les delata.
Clientes que deslizan su mentira
a través de los cuerpos
transmutando billetes en placer,
convierten la fricción en un teatro
donde ya nada es lo que parece.

Parados en sus casas
vagan en extravío por las cuevas
sin futuro ni aire, en túneles de bronce.
Darwinismo feroz
que convierte recursos en basura.
Redactan el currículum
como el mito de Sísifo, girando,
en la explosión de lunas sin cristales,
caminando sin rumbo por la línea.

Los náufragos respiran
en el mar del estrecho, tan temible,
al tiempo que las algas y las estrellas rojas
simbolizan las pérdidas
en océanos llenos de esperanza.
Un púlsar es latido
de inmigrantes que llegan sin papeles,
en pateras que son como un espejo
de la incesante búsqueda de vida.

Los desahuciados lloran
desnudos sobre sacos de cemento
en un ritual de lodo, despojados del numen,
arrastrando la nada.
Vacíos de hipotecas imposibles
donde el robo es lo único
que destella al final de rutas vanas,
en espíritus ávidos de sueños
que la lluvia destroza cada noche.


Ana Muela Sopeña




miércoles, 5 de diciembre de 2018

Mujer


Mujer de niebla,
ataviada con sueños e ilusiones
para sobrevivir en la batalla.

Mujer de lluvia,
sumergida en el viaje por la Tierra,
dispuesta a luchar siempre con su luz.

Mujer de bruma,
alucinando con rituales
de belleza adherida a laberintos.

Mujer del bosque,
dibujada en las ramas de los árboles,
llamando a los humanos.

Mujer galáctica,
que vuelas sin cesar por el espacio
más allá de frecuencias infinitas.

Mujer del mar,
observando la vida submarina,
preocupada por las tortugas y ballenas.

Mujer de fuego,
encendida despacio
para brillar con pulsos de la historia
e iniciar sin demora el despertar.

Mujer de agua,
disolviendo las luchas y tensiones
para dar de beber a los sedientos.

Mujer relámpago,
adivinadora del futuro,
profeta de la sal y de la escarcha.

Mujer lunar,
magnética en el caos, trueno en tormentas,
Lilith, complicidad de lo ancestral.

Mujer de Venus,
aliada con la esencia del amor.

Mujer de Urano,
que siembras libertad entre las rocas.

Mujer de nieve,
purificas el tiempo creador.

Mujer de hielo,
soledad del ayer y del mañana.

Mujer de nube,
protegida por ángeles y arcángeles.

Mujer de sombra,
buceadora en campos de misterios.

Mujer raíz,
para entender el alma de las cosas.

Mujer estrella,
que pactas con la música del mundo.

Mujer umbral,
preparada con armas para el cambio.

Mujer visión,
que ves dentro del tiempo y de la herida.

Mujer rocío,
que fertilizas todo lo que tocas.

Mujer arena,
capaz de vislumbrar la hora mágica.


Ana Muela Sopeña


lunes, 25 de junio de 2012

Desheredados

En mi sueño viajaba por el mundo
contemplando muy triste
la realidad de los espejos.

Los niños trabajaban en las minas
con sus pulmones sucios por el polvo,
con lágrimas de asbesto
como desheredados
desde su nacimiento.

Otros niños andando en las basuras
recogiendo las pilas o el metal,
para poder venderlos en mercados
con el alma infinita, sin raíces,
sin futuro ni alba.

Niños de uno y dos años
ordenando ladrillos en fábricas sin ley,
cobrando medio euro cada día.

Y niñas en prostíbulos
de apenas nueve años,
viviendo en un castigo sin indulto,
sin solución de nada.

Desperté de mi sueño
y constaté con pena
que la realidad era peor.


Ana Muela Sopeña