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lunes, 23 de marzo de 2020

Madrid: 11 de marzo»


Marzo desnivelado por las cifras
del desaliento. Marzo de muerte,
triste marzo de trenes y extrarradios marchitos,
marzo de sueños rotos y niños deshabitados,
de pronombres sin nombre, de apellidos
quebrados y relojes sin hora, marzo de los teléfonos
enmudecidos.
Mi ciudad asolada. Mis tierras y mis trenes,
asolados, mis ojos y mis manos
y mis brazos,
asolados. Muerte sembrada bajo la luz
de un Madrid lateral
hecho de andenes periféricos, de seres menesterosos,
de mujeres crecidas en la sombra diaria
del tiempo inabarcable del trabajo,
de hombres cultivados
en el silencio anónimo de las factorías,
de humildes bachilleres y de párvulos,
de viejos azorados por noticias de muerte,
de bares conmovidos por la niebla y la sangre,
de juguetes sin niño,
de huérfanos sin ira,
de vacías acequias,
de fogatas sin lumbre.
Madrid de hospitales, de lutos y de marzo.
Capital de la niebla y del dolor. Ciudad de los estanques
del silencio.
Madrid desbaratado y mío. Madrid nuestro.
Como los muertos, nuestro.
Dueño de un mes de marzo
descolorido y turbio, pero nuestro.
Entre muertos y lágrimas,
es más nuestra y cercana la ciudad. También más triste.
Manuel Rico

martes, 6 de febrero de 2018

Pido la luz y la insolencia

Pido la luz y la insolencia: pido
la claridad, la certidumbre de los hechos
con parecido empeño al que asumiera
Blas de Otero al pedir la paz y la palabra.
En esta calle oscura, en esta latitud
que al lado de mi casa tiembla a veces,
en el precario territorio donde el tiempo señala
la frágil densidad de los proyectos
de vida, tiendo mis años como alfombras
y pido la luz y la insolencia.
Cerca,
otras vidas extienden sus alfombras
ajadas, su piel rota, su mirada
como un pozo sin agua, como un pozo.


Manuel Rico