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viernes, 1 de mayo de 2020

Asamblea


Queridos compañeros carpinteros y ebanistas,
les traigo el saludo solidario de los metafísicos.
También para nosotros la situación se ha hecho insostenible.
los afiliados se niegan a seguir pagando cuotas.
A partir de este momento la lírica no existe,
con el permiso de ustedes la poesía
ha decidido dar por terminadas sus funciones este invierno.
No lo tomen a mal,
pero aún quisiéramos pedirles una cosa,
mis viejos camaradas amigos de los árboles
acuérdense de nosotros cuando canten La Internacional.
Juan Carlos Mestre

sábado, 19 de enero de 2019

Hablo contigo…



Hablo contigo, ignoro dónde estás, hacia qué luz busca mi Ser el eco en que te escucho.
No hay usura en tu voz, yo sé que un aire limpio te respira, que algo redentor, alguna claridad que arrastra el río lleva
el pensamiento tuyo.
Hablo contigo, una intacta pasión vive en tu fósforo, una única luz que no se apaga mientras la muerte fluye, mientras
la muerte sufre esta palabra.
Y hablo, hablo contigo alrededor de un hueco, alrededor de mí como el que gira mutuo, como aquel que dentro de nosotros
es próximo y se acerca con su haz luminoso de pureza.
Hablo ante el destino que imagina el hombre, eso de desvalido, eso de delirante y turbio hablo contigo. Y es de noche,
es de noche en los dos como metal oscuro, y vemos como largamente la verdad extiende su único hilo de saliva,
un único alfabeto en el rumor de todos.
Hablo contigo, oh bondad compartida de quien es silencioso, sombra de esa sombra que aletea y es vuelo de semejante
elocuencia, el que escribe, el que escucha, el que lámina a lámina va enhebrando en el eco una voz que responde,
esa voz en mí mismo, la que nos alumbra y persuade desde más allá de la muerte.
Juan Carlos Mestre

jueves, 17 de enero de 2019

Los cuerpos del paraíso




Yo he visto a las mujeres que lloran en los parques, las que
danzan en la noche y se evaporan de pronto ante la mirada
de un hombre,
las florecidas en el amor, las muchachas que vuelan a los
nidos más altos, las que me quieren sin saber si las amo y
tocan el arpa las tardes con niebla,
las que sufren en mi corazón, las aromadas en música y las
que sueñan con pájaros,
las que tienen pena, las desnudas a la orilla de un río, las
dormidas para siempre sobre una almohada de nieve,
y las que cantan, las apacibles con una alondra en el pecho,
las que están en mi alma melancólicas, tristes, refugiadas
en sombra, las intactas del aire, las silenciosas, las hermosas
muchachas meladas del otoño.
Yo he visto a las amargas que van cruzando un puente y
gritan y la muerte las reúne conmigo, las dulces abatidas
que debajo de un velo murmuran y son bellas como pálidas
vírgenes,
las sosegadas en gozo que son flor de un domingo cuando
todo oscurece y las arrecogidas de alcoba mientras pasa la
vida.
Yo he visto una mujer que tenía un relámpago y un frasco
de palabras amarillas escondido en su cómoda, la que roe
todo el día como polilla su ébano y reparte adormideras al
acercarse la noche,
la paloma de seda que ha bordado el olvido y es perenne en
su torre y se parece a la idea de pensar en la lluvia,
las solas, que contemplan un álbum con fotografías y hojas
del jardín de los Bóboli, las que guardan secretos y huyen
por la noche a los nidales de pluma de los contrabandistas
enfermos.
Yo he visto a las mujeres ahogarse con un hilo de saliva y
silencio, gacelas devoradas por el fauno de la Luna en las
ventanas de mayo,
mujeres que recogen granadas en la huerta y las tiran a un
pozo para no ser afligidas, para mirarse en los espejos y es-
cuchar la lisonja de su propia figura,
muchachas con la llama de un astro entre las piernas, tum-
badas en la hierba con el pubis mojado por la espuma ma-
rina, por los labios del cielo que vigilan el alma.
Juan Carlos Mestre