Nadie eligió su herencia.
Ni tú ni yo. Nosotros no
elegimos.
Fue un desigual reparto. Fue un trallazo,
un
tajo doloroso y dolorido,
un cuchillo de sombras, una
herida
derramada en hondura y sin alivio...
Y aquí
estoy, aquí estamos
con nuestra herencia en alto,
sorprendidos
con este filo ronco en la garganta,
con
este agudo y fiero y roto filo,
con esta manda bronca a flor
de labios,
con esta vieja herencia y este grito.
Lo
llevo en las entrañas, aguzado,
lo llevo en la conciencia
¡tan preciso!
Me cerca y acorrala día y noche
su
rueda de navajas y cuchillos.
Mío es el viejo acento de la
tierra,
míos la oscura ley y el desvarío,
míos
el hosco resonar del monte,
el pulso de la tierra
enfebrecido,
la vaharada ardiente de la sangre,
el
toro de la noche y su bramido.
A esta sombría herencia no
renuncio,
a esta herencia sombría me resigno:
con
mi garganta rota lo proclamo,
con mis manos vacías hoy lo
escribo,
con mi emoción despierta lo subrayo,
con
mi porción de tiempo fecho y firmo
Nuria Parés