Somos huéspedes
desconocidos
en la casa del mundo
el mar la ola el escollo
el
navegante descubriendo
la ausencia de boyas
somos el ojo
que ve el ojo
y la visión que nos borra
somos aquello que
miramos
en el fondo de los ojos
y que sabe que somos
somos
lo único y el número
la cosa y su contrario
la multiplicación
de lo visible
el ojo abierto sobre lo invisible
somos la
sombra de la sombra
que entre la oscura claridad del sueño
dormita
somos la huella sobre la arena
somos cada letra del
alfabeto
somos el oráculo y el homenaje
la máscara
suspendida en el árbol
el templo y el objeto ofrecido
a la luz
muerta del templo
somos la pregunta
que no exige
respuesta
somos la pregunta y la respuesta
ya que ellas no
suman más que uno
somos el círculo
que se crea él mismo
ad infinito
caminamos a grandes pasos en los dos sentidos
el
calendario de los hombres
como una escala del horizonte
antes
de ser invitados a franquear
de un salto el vacío que nos
separa
de nuestro nacimiento
oscilando entre ebriedad y
terror
somos eso que sabemos
y aquello que ignoramos
lloramos
lágrimas de ámbar
somos la primera y la última palabra
la
estrofa y el canto
y la boca que deseamos
aferrar a la cara del
silencio
somos la mano insumisa
que traza el signo
el
vértigo delante del abismo
abierto por el poema
cuando una
palabra en nosotros duda ser dicha
alcanzamos la soledad más
íntima
somos el paso y la marcha
el camino y la vía
y el
último umbral que franquearemos
somos el lugar donde termina el
mundo
aquel donde comienza.
Amina Saïd