viernes, 14 de febrero de 2014

SI NO MIRAS ATRÁS





¿Quién dibujó tus manos?
¿Quién te dejó las huellas
de algún ayer remoto?
¿Quién inventó tu vida
llena de cuentos raros?
¿En dónde permaneces
si no miras atrás?

NILA LÓPEZ


miércoles, 12 de febrero de 2014

No dejes de cantar el árbol

  

No dejes de cantar el árbol.
El árbol es una columna de canciones que envejece creciendo.
El árbol lleva en sí la verdad de la llama.
El inmóvil ampara la verdad frágil del vuelo
y fabricó bandera a la verdad invisible del viento.
Si quieres conocer la verdad de los sueños ahogados
pregunta a la raíz que crece envejeciendo.
La verdad de la tierra se hace miel en los frutos
en las ramas se hamaca la verdad de los nidos.
En el tronco más quieto devana carretel el horizonte
y prepara la verdad de los viajes.
(La verdad de la sombra nació abrazada a un árbol)
Y en la médula ciega que irradia sus anillos
apoyaron los lechos la verdad de la muerte.
En ella la verdad del postrer aposento
- las cuatro tablas últimas -
paciente para ti secreta va creciendo.
En su liber oscuro escala de los zumos
la terrible verdad del cadalso madura.
Pregunta al árbol solo sobre los campos asesinados a metralla
el último regusto de la sangre.
Pregúntale. Es el árbol la única
silenciosa verdad que crece envejeciendo

Josefina Pla

lunes, 10 de febrero de 2014

EL OLVIDO



Encerradas en un invernadero,
bajo el cristal, las flores olvidan
que la luz del sol existe
y cómo temblaban bajo el rocío.


Konstantinos Kavafis 

sábado, 8 de febrero de 2014

NOSOTRAS, MUJERES PECADORAS -


Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes no sentimos temor ante la
grandeza de aquellos, los señores de hábito.
Quienes no vendemos nuestras vidas,
quienes no inclinamos la cabeza,
ni juntamos nuestras manos en señal de devoción.
Somos nosotras, mujeres pecadoras;
mientras aquellos que venden la cosecha de nuestros cuerpos,
se exaltan, se vuelven distinguidos,
se convierten en simples príncipes del mundo material.
Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes salimos levantando la bandera de la verdad
contra la barricada de mentiras esparcida sobre las avenidas;
quienes encuentran historias de persecución
apiladas en cada umbral,
quienes se dan cuenta que esas
lenguas que podrían hablar,
han sido cercenadas.
Somos nosotras, mujeres pecadoras.
Incluso si la noche nos persigue
estos ojos no habrán de apagarse.
No insistan en volver a levantar
la pared ya construida.
Somos nosotras, mujeres pecadoras,
quienes no sentimos temor ante la
grandeza de aquellos, los señores de hábito.
Quienes no vendemos nuestros cuerpos,
quienes no inclinamos la cabeza,
ni juntamos nuestras manos en señal de devoción.



Kishwar Naheed

jueves, 6 de febrero de 2014

Lo nuestro


Amamos lo que no conocemos, lo ya perdido.
El barrio que fue las orillas.
Los antiguos, que ya no pueden defraudarnos, porque son mito y esplendor.
Los seis volúmenes de Schopenhauer, que no acabaremos de leer.
El recuerdo, no la lectura, de la segunda parte del Quijote.
El oriente, que sin duda no existe para el afghano, el persa o el tártaro.
Nuestros mayores, con los que no podríamos conversar durante un cuarto de hora.
Las cambiantes formas de la memoria, que está hecha de olvido.
Los idiomas que apenas desciframos.
Algún verso latino o sajón, que no es otra cosa que un hábito.
Los amigos que no pueden faltarnos, porque se han muerto.
El ilimitado nombre de Shakespeare.
La mujer que está a nuestro lado y que es tan distinta.
El ajedrez y el álgebra, que no sé. 


J.L. BORGES

martes, 4 de febrero de 2014

El instante


¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno

J. L. Borges

domingo, 2 de febrero de 2014

La feria de los milagros

Un milagro corriente:
que se produzcan tantos milagros corrientes.

Un milagro ordinario:
el ladrido de los perros invisibles
en el silencio de la noche.

Un milagro del montón:
una nube menuda y ligera,
capaz de tapar la luna llena y compacta.

Muchos milagros en uno:
un aliso que se refleja en el agua
y que se vea invertido de izquierda a derecha
y que crezca allá con la copa hacia abajo
y que no llegue al fondo
pese a la poca profundidad del agua.

Un milagro cotidiano:
vientos de ligeros a moderados,
borrascas en plena tormenta.

Un milagro cualquiera:
las vacas son vacas.

Otro milagro, quiérase o no:
este huerto y sólo éste,
de esta pepita y sólo de ésta.

Un milagro sin frac ni sombrero de copa:
palomas blancas en desbandada.

Milagro, porque cómo llamarlo si no:
hoy el sol ha salido a las tres catorce
y se pondrá a las veinte cero uno.

Un milagro que no sorprende lo debido:
una mano tiene menos de seis dedos,
pero tiene más de cuatro.

Un milagro, y basta con abrir bien los ojos:
el mundo omnipresente.

Un milagro tan adicional como adicional es todo:
lo impensable
se puede pensar.

Wislawa Szymborska