si nos cortan las patas / ya ves /
andaremos sin patas / qué remedio /
que nos cortan las alas / no podremos volar /
construiremos barriletes / qué remedio /
si nos cortan las manos / ofú /
con los dientes escribiremos / qué remedio /
que nos cortan las orejas / sin sonidos /
el olfato desarrollaremos / qué remedio /
que nos tapan la boca / mala cosa /
del aire comeremos / qué remedio /
del aire moriremos / alondras de los rastrojos /
si nos asfaltan los campos / sin remedio /
(los ojos para qué los queremos a estas alturas) /
Eladio Orta
sábado, 18 de septiembre de 2010
jueves, 16 de septiembre de 2010
EXILIO
Mi patria eran tus manos,
tu mirada,
el suave temblor de tus labios.
Ya no tengo tu hombro
para mi cabeza rendida.
No tengo nada.
Veinte años de exilio,
amor mío,
veinte años sin patria.
Maruja Vieira
tu mirada,
el suave temblor de tus labios.
Ya no tengo tu hombro
para mi cabeza rendida.
No tengo nada.
Veinte años de exilio,
amor mío,
veinte años sin patria.
Maruja Vieira
lunes, 13 de septiembre de 2010
SOBREVIVIENTE
Recuerdo el tiempo en que la gente se saludaba.
Éramos personas recordándonos que había amanecido.
Hoy, hoscos rostros esquivan la mirada. Aquellos hombres ya murieron
Y yo soy el cronista resurrecto de un pasado que nadie recuerda.
Yo sí lo recuerdo: el agua tenía gusto a agua
Y se podía escuchar en cualquier calle el canto de los pájaros.
Había niños que eran niños. Hoy los niños están presos
en mármoles oscuros, detrás de nobles escritorios.
Presos sin padres. ¿Quién rompió el círculo?
Mañana alguien dirá que esto es mentira. Por eso lo escribo:
para decir que yo lo recuerdo. Había ángeles.
Yo mismo era un niño. Mi madre cuidaba las begonias
en un patio donde a veces llovía. Mi madre también sonreía a veces
y esto es algo que yo escribo para que se lo recuerde.
¿Quién rompió el noble oficio del carpintero
Y de los maderos sólo hicieron cruces? Paraísos había en mi vereda,
dulces cuerpos oscuros, elevando sus brazos venerables.
¿Quién envenenó el agua, quién la mirada de los hombres, quién
o qué elemento desconocido por la ciencia, enmudeció el saludo?
Dios andaba por todas partes.
Después, vino la guerra.
Alejandro Seta
Éramos personas recordándonos que había amanecido.
Hoy, hoscos rostros esquivan la mirada. Aquellos hombres ya murieron
Y yo soy el cronista resurrecto de un pasado que nadie recuerda.
Yo sí lo recuerdo: el agua tenía gusto a agua
Y se podía escuchar en cualquier calle el canto de los pájaros.
Había niños que eran niños. Hoy los niños están presos
en mármoles oscuros, detrás de nobles escritorios.
Presos sin padres. ¿Quién rompió el círculo?
Mañana alguien dirá que esto es mentira. Por eso lo escribo:
para decir que yo lo recuerdo. Había ángeles.
Yo mismo era un niño. Mi madre cuidaba las begonias
en un patio donde a veces llovía. Mi madre también sonreía a veces
y esto es algo que yo escribo para que se lo recuerde.
¿Quién rompió el noble oficio del carpintero
Y de los maderos sólo hicieron cruces? Paraísos había en mi vereda,
dulces cuerpos oscuros, elevando sus brazos venerables.
¿Quién envenenó el agua, quién la mirada de los hombres, quién
o qué elemento desconocido por la ciencia, enmudeció el saludo?
Dios andaba por todas partes.
Después, vino la guerra.
Alejandro Seta
viernes, 10 de septiembre de 2010
NO ES una cuestión de hombros
NO ES una cuestión de hombros
ni de bíceps
la carga del mundo
Los que la llegan a llevar
son a menudo los más frágiles
Ellos también están sujetos al miedo
a la duda
al desánimo
y llegan a veces a maldecir
la Idea o el Sueño espléndidos
que les expusieron
al fuego de la gehena
Pero si se doblan
no se rompen
y cuando por frecuente desgracia
se les corta y mutila
esos juncos humanos
saben que sus cuerpos horadados
por la traición
se convertirán en otras tantas flautas
que unos pastores del alba se llevaran a la boca
para captar
y escoltar hasta las estrellas
la sinfonía de la resistencia
(De “Tribulations d’un rêveur attitré”
[”Tribulaciones de un soñador titular”], 2008)
Abdellatif Laâbi
ni de bíceps
la carga del mundo
Los que la llegan a llevar
son a menudo los más frágiles
Ellos también están sujetos al miedo
a la duda
al desánimo
y llegan a veces a maldecir
la Idea o el Sueño espléndidos
que les expusieron
al fuego de la gehena
Pero si se doblan
no se rompen
y cuando por frecuente desgracia
se les corta y mutila
esos juncos humanos
saben que sus cuerpos horadados
por la traición
se convertirán en otras tantas flautas
que unos pastores del alba se llevaran a la boca
para captar
y escoltar hasta las estrellas
la sinfonía de la resistencia
(De “Tribulations d’un rêveur attitré”
[”Tribulaciones de un soñador titular”], 2008)
Abdellatif Laâbi
miércoles, 8 de septiembre de 2010
ESTÁS LISTO
¿ESTÁS LISTO para amar
sin conocer la última palabra de la historia
sin preguntar el nombre
la procedencia y el destino?
Amar bajando los ojos
sin devorar la mano que aprietas
sin fuego ni cortafuego
de deseos ni ultrajes
Amar de cerca
y más todavía de lejos
Amar como respirar
sin defensa ni chaleco salvavidas
en la hoguera de las purificaciones
y la tempestad de las pasiones inconfesables
¿Estás preparado para vivir
de ese amor
de agua fresca
y de tu plumaje de pájaro común
ardiendo en el fuego de la utopía
del que no se sabe
si quedarán cenizas?
(De “Écris la vie” [“Escribe la vida”], 2005)
Abdellatif Laâbi
sin conocer la última palabra de la historia
sin preguntar el nombre
la procedencia y el destino?
Amar bajando los ojos
sin devorar la mano que aprietas
sin fuego ni cortafuego
de deseos ni ultrajes
Amar de cerca
y más todavía de lejos
Amar como respirar
sin defensa ni chaleco salvavidas
en la hoguera de las purificaciones
y la tempestad de las pasiones inconfesables
¿Estás preparado para vivir
de ese amor
de agua fresca
y de tu plumaje de pájaro común
ardiendo en el fuego de la utopía
del que no se sabe
si quedarán cenizas?
(De “Écris la vie” [“Escribe la vida”], 2005)
Abdellatif Laâbi
lunes, 6 de septiembre de 2010
De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando decimos
esto, aquello, lo otro,
lo que siempre regresa,
lo que se va y no vuelve.
Las palabras se dicen aquí, en este momento
y retornan a su eterno sistema de silencio.
Y qué es el silencio...
el silencio es un brazo que se aleja,
la llama que se extingue,
las cenizas del fuego.
Y también es la tierra y el cielo,
el árbol y la lluvia,
cuando aún no han sido nombrados
y esperan existir en los labios humanos
Y hablamos y decimos
tiempo
y esto, aquello y lo otro.
Y al renacer en nombre
enmudecen las fuentes,
y se callan los ríos...
En el fondo del alma
hay un mar de silencio.
Teresa Martín Taffarel
De qué hablamos cuando decimos
esto, aquello, lo otro,
lo que siempre regresa,
lo que se va y no vuelve.
Las palabras se dicen aquí, en este momento
y retornan a su eterno sistema de silencio.
Y qué es el silencio...
el silencio es un brazo que se aleja,
la llama que se extingue,
las cenizas del fuego.
Y también es la tierra y el cielo,
el árbol y la lluvia,
cuando aún no han sido nombrados
y esperan existir en los labios humanos
Y hablamos y decimos
tiempo
y esto, aquello y lo otro.
Y al renacer en nombre
enmudecen las fuentes,
y se callan los ríos...
En el fondo del alma
hay un mar de silencio.
Teresa Martín Taffarel
jueves, 2 de septiembre de 2010
Mar eterno
Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes
José Emilio Pacheco
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes
José Emilio Pacheco
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