jueves, 29 de noviembre de 2018
“Não me Peçam Razões” “No me pidan razones”
Não me peçam razões, que não as tenho,
Ou darei quantas queiram: bem sabemos
Que razões são palavras, todas nascem
Da mansa hipocrisia que aprendemos.
Não me peçam razões por que se entenda
A força de maré que me enche o peito,
Este estar mal no mundo e nesta lei:
Não fiz a lei e o mundo não aceito.
Não me peçam razões, ou que as desculpe,
Deste modo de amar e destruir:
Quando a noite é de mais é que amanhece
A cor de primavera que há-de vir.
José Saramago
No me pidan razones, no las tengo,
O daré cuantas quieran: bien sabemos
Que razones son palabras, todas nacen
De las mansas falsedades que aprendemos.
No me pidan razones para entender
La marea rebelde que me llena el pecho.
Mal en este mundo, mal con esta ley:
No hice yo la ley ni el mundo acepto.
No me pidan razones, o que las disculpe,
De este modo de amar y destruir:
En la más oscura noche es donde amanece
El color de primavera, el porvenir.
domingo, 25 de noviembre de 2018
Mutaciones poéticas
En mi familia no hay poetas.
Pero mi abuelo Gregorio,
cuando regaba el huerto en Belinchón,
se quedó tantas tardes
velando las acequias, murmurando:
No bebemos
el agua: es ella quien nos bebe.
El agua
es
la mujer.
No, en mi familia no hay poetas.
Pero una vez, muy niña, encontré
cáscaras
de huevo azul
a los pies del almendruco.
Se las mostré a mi padre y mi padre,
silencioso,
me enseñó a hacerles un nido
con ramaje;
y me enseñó por qué: hay pedazos de
vida
que son
sueños enteros.
En mi familia, os digo, no hay poetas.
Pero cuando mi bisabuela
Asunción
contempló por vez primera el mar
-la primera y la única-,
me cuentan que se quedó muy seria, muy
callada,
durante un ancho rato, hasta que dijo:
Gracias
por
los ojos.
No sé de dónde salgo. En mi familia
no hay poetas
malos.
viernes, 23 de noviembre de 2018
Oración
A vosotros,
que cortáis la
manzana de la muerte
con el anonimato de
una guerra,
os pido caridad.
Por un Dios
en el que jamás he
creído.
Por una Justicia
de la que desconfío.
Por el orden de un
Mundo
que no respeto.
Para que renunciéis
a vuestra guerra,
yo renuncio a mis
dudas,
que son parte de mí
como la luz amarga
es parte del otoño.
Y escribo Dios,
Justicia, Mundo,
y os pido caridad,
y os los suplico.
miércoles, 21 de noviembre de 2018
Los hijos
Por favor, no hagan
ruido
en la tranquilidad
de este poema
escrito con la mano
del que cierra la
puerta al apagar la luz.
Mis tres hijos
acaban de dormirse.
Necesito el silencio
para pensar en ellos.
Colores indelebles
en un lápiz
de trazado infantil,
vuelven a dibujar
– pero esta vez en
serio –
un árbol, una casa,
la memoria
de una luz encendida
con sabor a
diciembre,
los cristales del
miedo
y la ilusión del
porvenir
bajo el sol de los
días laborables.
Un hijo es el
segundo país donde nacemos.
Con su falta de edad
nos hace cumplir años
y nos devuelve
al mundo del reloj,
a las llamadas
telefónicas
que son una raíz
en la orilla del
tiempo.
Un hijo nos enseña
a preguntar
con voz de agua
la verdad decisiva
de la tierra.
Ser como juncos, y
en amor flexibles,
no asegura
respuestas
ni confirma el
reposo.
Elisa, Irene, Mauro,
cada cual con su
puerto y con su lluvia,
luces cambiantes en
el mismo río.
Nadie comente, por
favor,
que acabo de
escribirles un poema.
Los hijos crecen con
espinas.
Nunca sé imaginar
lo que pueden decir
de lo que digo,
lo que pueden pensar
de lo que pienso,
lo que pueden hacer
con lo que hago.
Luis García Montero
lunes, 19 de noviembre de 2018
Sólo las almas bárbaras son capaces
Sólo las almas bárbaras son capaces
de esquivar
la definitiva estocada
de la belleza.
DIEGO VASALLO
domingo, 18 de noviembre de 2018
La mariposa blanca
En el velador de la
residencia,
la mariposa blanca
y los cabellos
blancos de mi abuela.
Mi abuela.
Con sus 91 años
recién cumplidos,
apoyada en su
bastón,
se queja porque esto
está lleno de viejos
con bastón.
Y se mira los ríos
de las manos
y no le teme al mar.
¿Quién se ha
posado sobre quién?
sábado, 17 de noviembre de 2018
A VUELTAS
Y ahora, ¿dónde estoy?:
en el lugar del que vengo,
no en el lugar al que voy.
Pese a todo, sigo viaje.
Me detengo
para mirar el paisaje,
lo reconozco y me digo:
ya lo ví.
Pues entonces, ¿por qué sigo?
Porque sí.
ÁNGEL GONZÁLEZ
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