En fin
que no he vivido nada.
No sé qué cosa es una guerra
y tengo como prisión al cuerpo
y alma como campo de batalla.
Me debato entre la duda
de reflexionar o fluir;
esto es situarse en el palco de los espectadores,
o estar
en cada íntimo instante del milagro.
Vivo de pedacitos,
pero aspiro a la totalidad,
es decir a Mozart y al poema que me redima
y me revele los espacios absolutos
y la nada.
Percibo de mí
los sitios más secretos:
la culpa,
una tercera conciencia de las cosas,
la dualidad del pensamiento,
la ira pequeña
por lo que ya ocurrió.
Pero he vivido poco. Treinta años.
Dos amores de piel
y un querer abandonar
esta espera que me señala la vida.
Anhelo la anarquía,
el más tierno desorden del amor,
la cábala
los relojes de arena y una habitación sencilla.
Quiero tener un destino trazado de antemano,
encontrarme con Dios
y los abismos
y no tener conciencia de la llama.
Ser la llama misma y la aventura.
Pero vengo de soledades últimas,
de conversaciones que nunca concluyeron,
de espejos que me miraron desde la infancia hasta ahora,
de abandonados armarios de caoba que fueron
de tías o de abuelas remotísimas.
Cuán poco he vivido.
No conozco la guerra. Y tampoco la paz.
Me duele la orfandad,
el desarraigo,
el sentirme extranjera en cualquier sitio,
el no pertenecer
a una familia o a una patria.
No puedo narrar una batalla;
ni hablar del hambre y de la peste,
ni escribir la canción de algún soldado herido,
ni hablar de mujer violada,
ni decir cómo es un cementerio después de una llovizna.
Pero anhelo decir en el poema
que la vida me conmueve,
que respiro mejor cuando me entrego,
que necesito amar de la manera más simple y primitiva.
Me gusta la paz y la defiendo
y la guerra cuando es justa,
y el sabor de las mandarinas cuando llega el verano,
que me gusta ser una y arraigarme en el cosmos,
y sentir que mi vida palpita al mismo tiempo que la vida,
aunque no haya vivido,
aunque mi hambre sea de infinito,
aunque no sepa expresar
que por alguna razón precisa estoy aquí,
a punto de vencer,
a punto de morir,
de vivir.
Mía Gallegos
miércoles, 29 de septiembre de 2010
lunes, 27 de septiembre de 2010
ZONAS HÚMEDAS
los campesinos contemplan las zonas húmedas / (charcas /
dadoras de vida) / como desperdicios abandonados /
por las manos del hombre / (tierra perdida /
para la fértil labranza) / como una deshonesta /
proposición del olvido /
los urbanitas contemplan las zonas húmedas /
(paraísos ha bitables por intrusos) /
(agua estancada a orillas de los sueños) /
como si la materia fango / (les oliera /
a tercermundista) / como si entre las zonas húmedas /
y ellos / hubiese de por medio una raya equidistante /
los gobernantes contemplan las zonas húmedas /
(con ojos sabihondos de empresarios de la construcción) /
como espacios concéntricos / (vasijas de barro) /
preparadas para recibir el polen que /
derraman en sus fornicaciones los mosquitos /
Eladio Orta
dadoras de vida) / como desperdicios abandonados /
por las manos del hombre / (tierra perdida /
para la fértil labranza) / como una deshonesta /
proposición del olvido /
los urbanitas contemplan las zonas húmedas /
(paraísos ha bitables por intrusos) /
(agua estancada a orillas de los sueños) /
como si la materia fango / (les oliera /
a tercermundista) / como si entre las zonas húmedas /
y ellos / hubiese de por medio una raya equidistante /
los gobernantes contemplan las zonas húmedas /
(con ojos sabihondos de empresarios de la construcción) /
como espacios concéntricos / (vasijas de barro) /
preparadas para recibir el polen que /
derraman en sus fornicaciones los mosquitos /
Eladio Orta
sábado, 25 de septiembre de 2010
POEMA
Te escribo, Juan,
hermano,
ahora que la lluvia
recorta suavemente
los ruidos en la calle
para hablarte de que ayer,
allá arriba,
en el pueblo vacío
del lento somontano,
enterramos a la abuela
en aquel cementerio
cubierto de hierbajos,
arbustos,
y lápidas deshechas
por el tiempo,
las nieves
y el olvido.
Mientras ella yacía
en la alcoba tan grande
donde tú y yo
jugábamos de niños,
estuvimos la noche
recordando los tiempos,
los paisajes pasados,
las gentes que se fueron,
las tardes de domingo en la fuente,
que ahora
ya no mana aquella agua
que venía del frío.
Tantos trozos de vida recordamos
que el alba nos asaltó de golpe,
y el abuelo,
que apenas dijo nada de nadie
entre la noche,
murmuró suavemente:
Habrá que descenderla
y dejarla en la tierra
con los suyos.
Y la dejamos quieta
allí, bajo la yerba,
las nubes pasajeras,
los cierzos agoreros
y los riscos.
Luego, cuando salimos
ya no quedaba nadie
en el contorno.
Y aquí
en la ciudad de nuevo,
el abuelo,
viendo caer el agua
tras los vidrios
ha murmurado lento,
con sonrojo:
Hoy seguro que llueve
también
sobre la abuela
allá arriba
en el pueblo.
José Antonio Labordeta
hermano,
ahora que la lluvia
recorta suavemente
los ruidos en la calle
para hablarte de que ayer,
allá arriba,
en el pueblo vacío
del lento somontano,
enterramos a la abuela
en aquel cementerio
cubierto de hierbajos,
arbustos,
y lápidas deshechas
por el tiempo,
las nieves
y el olvido.
Mientras ella yacía
en la alcoba tan grande
donde tú y yo
jugábamos de niños,
estuvimos la noche
recordando los tiempos,
los paisajes pasados,
las gentes que se fueron,
las tardes de domingo en la fuente,
que ahora
ya no mana aquella agua
que venía del frío.
Tantos trozos de vida recordamos
que el alba nos asaltó de golpe,
y el abuelo,
que apenas dijo nada de nadie
entre la noche,
murmuró suavemente:
Habrá que descenderla
y dejarla en la tierra
con los suyos.
Y la dejamos quieta
allí, bajo la yerba,
las nubes pasajeras,
los cierzos agoreros
y los riscos.
Luego, cuando salimos
ya no quedaba nadie
en el contorno.
Y aquí
en la ciudad de nuevo,
el abuelo,
viendo caer el agua
tras los vidrios
ha murmurado lento,
con sonrojo:
Hoy seguro que llueve
también
sobre la abuela
allá arriba
en el pueblo.
José Antonio Labordeta
miércoles, 22 de septiembre de 2010
EL ÁRBOL
---Permanece en silencio, solitario,
en mitad de la plaza
como un pájaro olvidado
o quizás como una nube amaestrada
por vientos tramontanos
No es ni sombra ni cobijo
de pájaros urbanos. No es, apenas,
el pudor de la tierra
izándose desde la tierra misma
hacia los cielos. Es, tan sólo,
un árbol ciudadano
bajo de mi ventana, más próximo al cemento
que a las grandes praderas
donde están sus hermanos
asentados. Tiene la palidez
de un empleado de banco y la turbia
timidez de los abandonados. Tan sólo
cuando pierde las hojas
recuerdo que es un árbol y lo amo.
José Antonio Labordeta
en mitad de la plaza
como un pájaro olvidado
o quizás como una nube amaestrada
por vientos tramontanos
No es ni sombra ni cobijo
de pájaros urbanos. No es, apenas,
el pudor de la tierra
izándose desde la tierra misma
hacia los cielos. Es, tan sólo,
un árbol ciudadano
bajo de mi ventana, más próximo al cemento
que a las grandes praderas
donde están sus hermanos
asentados. Tiene la palidez
de un empleado de banco y la turbia
timidez de los abandonados. Tan sólo
cuando pierde las hojas
recuerdo que es un árbol y lo amo.
José Antonio Labordeta
martes, 21 de septiembre de 2010
Mientras vosotros estáis con los grafismos
Mientras vosotros estáis con los grafismos
contándome la historia de los tiempos
escribo en el silencio de las aulas
palabras nostálgicas, recuerdos.
Mientras vosotros habláis de socialismos,
de movimiento obrero, de Bismarck el guerrero,
contemplo los objetos perdidos en el cielo
y escribo versos, tiernos versos de amor y regocijo.
Mientras crecéis para hombres y mujeres
y del ojo infantil os cuelga tanta vida,
asumo nostálgico este tiempo
que apenas si me queda entre mis dedos.
Mientras vosotros vais,
yo vengo.
Doloroso es cruzarse en el camino.
José Antonio Labordeta
contándome la historia de los tiempos
escribo en el silencio de las aulas
palabras nostálgicas, recuerdos.
Mientras vosotros habláis de socialismos,
de movimiento obrero, de Bismarck el guerrero,
contemplo los objetos perdidos en el cielo
y escribo versos, tiernos versos de amor y regocijo.
Mientras crecéis para hombres y mujeres
y del ojo infantil os cuelga tanta vida,
asumo nostálgico este tiempo
que apenas si me queda entre mis dedos.
Mientras vosotros vais,
yo vengo.
Doloroso es cruzarse en el camino.
José Antonio Labordeta
lunes, 20 de septiembre de 2010
PRIMER RECUERDO (de mi padre)
Hoy marzo y siete. ¿Recuerdas? Yo recuerdo.
Soy vivo y te recuerdo: Íntegramente puro,
siempre igual. Diste la mano a quien te dio la mano
y arrancaste el odio a quien te odió de espaldas.
¿Recuerdas? Ya casi primavera, olor a campo,
en las viejas ventanas del colegio -alguien dijo
que tu labor no fue importante.
¡Hay cosas, padre, que son mejor
guardarlas en silencio! -Alumnos con charangas
saludaban tu paso. También tu muerte -fuimos todos
contigo al cementerio- y veían tu pureza total
y sentían tu voz contra sus frentes.
Hoy ya marzo, otra vez, tanto tiempo te has ido
que recuerdo el dolor que te produjo
amar la libertad como la amaste.
José Antonio Labordeta
Soy vivo y te recuerdo: Íntegramente puro,
siempre igual. Diste la mano a quien te dio la mano
y arrancaste el odio a quien te odió de espaldas.
¿Recuerdas? Ya casi primavera, olor a campo,
en las viejas ventanas del colegio -alguien dijo
que tu labor no fue importante.
¡Hay cosas, padre, que son mejor
guardarlas en silencio! -Alumnos con charangas
saludaban tu paso. También tu muerte -fuimos todos
contigo al cementerio- y veían tu pureza total
y sentían tu voz contra sus frentes.
Hoy ya marzo, otra vez, tanto tiempo te has ido
que recuerdo el dolor que te produjo
amar la libertad como la amaste.
José Antonio Labordeta
domingo, 19 de septiembre de 2010
VIDA
Ella corta las cebollas finamente.
Un obrero de construcción, de 25 años, cae hacia su muerte.
Ella agrega cilantro, clavos y jengibre.
Un soldado, de 21 años, pisa una mina al borde del camino.
Ella saca las albóndigas de la nevera.
Un periodista, de 43 años, recibe un tiro en la cabeza.
Ella revuelve la salsa a bajo fuego
y añade algunas lágrimas a la olla.
Noviembre 2, 2006
Lola Koundakjian
Un obrero de construcción, de 25 años, cae hacia su muerte.
Ella agrega cilantro, clavos y jengibre.
Un soldado, de 21 años, pisa una mina al borde del camino.
Ella saca las albóndigas de la nevera.
Un periodista, de 43 años, recibe un tiro en la cabeza.
Ella revuelve la salsa a bajo fuego
y añade algunas lágrimas a la olla.
Noviembre 2, 2006
Lola Koundakjian
Canto a la libertad
Habrá un día en que todos
Al levantar la vista
Veremos una tierra
Que ponga libertad (bis)
Hermano aquí mi mano
Será tuya mi frente
Y tu gesto de siempre
Caerá sin levantar
Huracanes de miedo
Ante la libertad
Haremos el camino
En un mismo trazado
Uniendo nuestros hombros
Para así levantar
A aquellos que cayeron
Gritando libertad
Sonarán las campanas
Desde los campanarios
Y los campos desiertos
Volverán a granar
Unas espigas altas
Dispuestas para el pan
Para un pan que en los siglos
Nunca fue repartido
Entre todos aquellos
Que hicieron lo posible
Para empujar la historia
Hacia la libertad
También será posible
Que esa hermosa mañana
Ni tú, ni yo, ni el otro
La lleguemos a ver
Pero habrá que empujarla
Para que pueda ser
Que sea como un viento
Que arranque los matojos
Surgiendo la verdad
Y limpie los caminos
De siglos de destrozos
Contra la libertad
José Antonio Labordeta
Al levantar la vista
Veremos una tierra
Que ponga libertad (bis)
Hermano aquí mi mano
Será tuya mi frente
Y tu gesto de siempre
Caerá sin levantar
Huracanes de miedo
Ante la libertad
Haremos el camino
En un mismo trazado
Uniendo nuestros hombros
Para así levantar
A aquellos que cayeron
Gritando libertad
Sonarán las campanas
Desde los campanarios
Y los campos desiertos
Volverán a granar
Unas espigas altas
Dispuestas para el pan
Para un pan que en los siglos
Nunca fue repartido
Entre todos aquellos
Que hicieron lo posible
Para empujar la historia
Hacia la libertad
También será posible
Que esa hermosa mañana
Ni tú, ni yo, ni el otro
La lleguemos a ver
Pero habrá que empujarla
Para que pueda ser
Que sea como un viento
Que arranque los matojos
Surgiendo la verdad
Y limpie los caminos
De siglos de destrozos
Contra la libertad
José Antonio Labordeta
sábado, 18 de septiembre de 2010
SIN REMEDIO
si nos cortan las patas / ya ves /
andaremos sin patas / qué remedio /
que nos cortan las alas / no podremos volar /
construiremos barriletes / qué remedio /
si nos cortan las manos / ofú /
con los dientes escribiremos / qué remedio /
que nos cortan las orejas / sin sonidos /
el olfato desarrollaremos / qué remedio /
que nos tapan la boca / mala cosa /
del aire comeremos / qué remedio /
del aire moriremos / alondras de los rastrojos /
si nos asfaltan los campos / sin remedio /
(los ojos para qué los queremos a estas alturas) /
Eladio Orta
andaremos sin patas / qué remedio /
que nos cortan las alas / no podremos volar /
construiremos barriletes / qué remedio /
si nos cortan las manos / ofú /
con los dientes escribiremos / qué remedio /
que nos cortan las orejas / sin sonidos /
el olfato desarrollaremos / qué remedio /
que nos tapan la boca / mala cosa /
del aire comeremos / qué remedio /
del aire moriremos / alondras de los rastrojos /
si nos asfaltan los campos / sin remedio /
(los ojos para qué los queremos a estas alturas) /
Eladio Orta
jueves, 16 de septiembre de 2010
EXILIO
Mi patria eran tus manos,
tu mirada,
el suave temblor de tus labios.
Ya no tengo tu hombro
para mi cabeza rendida.
No tengo nada.
Veinte años de exilio,
amor mío,
veinte años sin patria.
Maruja Vieira
tu mirada,
el suave temblor de tus labios.
Ya no tengo tu hombro
para mi cabeza rendida.
No tengo nada.
Veinte años de exilio,
amor mío,
veinte años sin patria.
Maruja Vieira
lunes, 13 de septiembre de 2010
SOBREVIVIENTE
Recuerdo el tiempo en que la gente se saludaba.
Éramos personas recordándonos que había amanecido.
Hoy, hoscos rostros esquivan la mirada. Aquellos hombres ya murieron
Y yo soy el cronista resurrecto de un pasado que nadie recuerda.
Yo sí lo recuerdo: el agua tenía gusto a agua
Y se podía escuchar en cualquier calle el canto de los pájaros.
Había niños que eran niños. Hoy los niños están presos
en mármoles oscuros, detrás de nobles escritorios.
Presos sin padres. ¿Quién rompió el círculo?
Mañana alguien dirá que esto es mentira. Por eso lo escribo:
para decir que yo lo recuerdo. Había ángeles.
Yo mismo era un niño. Mi madre cuidaba las begonias
en un patio donde a veces llovía. Mi madre también sonreía a veces
y esto es algo que yo escribo para que se lo recuerde.
¿Quién rompió el noble oficio del carpintero
Y de los maderos sólo hicieron cruces? Paraísos había en mi vereda,
dulces cuerpos oscuros, elevando sus brazos venerables.
¿Quién envenenó el agua, quién la mirada de los hombres, quién
o qué elemento desconocido por la ciencia, enmudeció el saludo?
Dios andaba por todas partes.
Después, vino la guerra.
Alejandro Seta
Éramos personas recordándonos que había amanecido.
Hoy, hoscos rostros esquivan la mirada. Aquellos hombres ya murieron
Y yo soy el cronista resurrecto de un pasado que nadie recuerda.
Yo sí lo recuerdo: el agua tenía gusto a agua
Y se podía escuchar en cualquier calle el canto de los pájaros.
Había niños que eran niños. Hoy los niños están presos
en mármoles oscuros, detrás de nobles escritorios.
Presos sin padres. ¿Quién rompió el círculo?
Mañana alguien dirá que esto es mentira. Por eso lo escribo:
para decir que yo lo recuerdo. Había ángeles.
Yo mismo era un niño. Mi madre cuidaba las begonias
en un patio donde a veces llovía. Mi madre también sonreía a veces
y esto es algo que yo escribo para que se lo recuerde.
¿Quién rompió el noble oficio del carpintero
Y de los maderos sólo hicieron cruces? Paraísos había en mi vereda,
dulces cuerpos oscuros, elevando sus brazos venerables.
¿Quién envenenó el agua, quién la mirada de los hombres, quién
o qué elemento desconocido por la ciencia, enmudeció el saludo?
Dios andaba por todas partes.
Después, vino la guerra.
Alejandro Seta
viernes, 10 de septiembre de 2010
NO ES una cuestión de hombros
NO ES una cuestión de hombros
ni de bíceps
la carga del mundo
Los que la llegan a llevar
son a menudo los más frágiles
Ellos también están sujetos al miedo
a la duda
al desánimo
y llegan a veces a maldecir
la Idea o el Sueño espléndidos
que les expusieron
al fuego de la gehena
Pero si se doblan
no se rompen
y cuando por frecuente desgracia
se les corta y mutila
esos juncos humanos
saben que sus cuerpos horadados
por la traición
se convertirán en otras tantas flautas
que unos pastores del alba se llevaran a la boca
para captar
y escoltar hasta las estrellas
la sinfonía de la resistencia
(De “Tribulations d’un rêveur attitré”
[”Tribulaciones de un soñador titular”], 2008)
Abdellatif Laâbi
ni de bíceps
la carga del mundo
Los que la llegan a llevar
son a menudo los más frágiles
Ellos también están sujetos al miedo
a la duda
al desánimo
y llegan a veces a maldecir
la Idea o el Sueño espléndidos
que les expusieron
al fuego de la gehena
Pero si se doblan
no se rompen
y cuando por frecuente desgracia
se les corta y mutila
esos juncos humanos
saben que sus cuerpos horadados
por la traición
se convertirán en otras tantas flautas
que unos pastores del alba se llevaran a la boca
para captar
y escoltar hasta las estrellas
la sinfonía de la resistencia
(De “Tribulations d’un rêveur attitré”
[”Tribulaciones de un soñador titular”], 2008)
Abdellatif Laâbi
miércoles, 8 de septiembre de 2010
ESTÁS LISTO
¿ESTÁS LISTO para amar
sin conocer la última palabra de la historia
sin preguntar el nombre
la procedencia y el destino?
Amar bajando los ojos
sin devorar la mano que aprietas
sin fuego ni cortafuego
de deseos ni ultrajes
Amar de cerca
y más todavía de lejos
Amar como respirar
sin defensa ni chaleco salvavidas
en la hoguera de las purificaciones
y la tempestad de las pasiones inconfesables
¿Estás preparado para vivir
de ese amor
de agua fresca
y de tu plumaje de pájaro común
ardiendo en el fuego de la utopía
del que no se sabe
si quedarán cenizas?
(De “Écris la vie” [“Escribe la vida”], 2005)
Abdellatif Laâbi
sin conocer la última palabra de la historia
sin preguntar el nombre
la procedencia y el destino?
Amar bajando los ojos
sin devorar la mano que aprietas
sin fuego ni cortafuego
de deseos ni ultrajes
Amar de cerca
y más todavía de lejos
Amar como respirar
sin defensa ni chaleco salvavidas
en la hoguera de las purificaciones
y la tempestad de las pasiones inconfesables
¿Estás preparado para vivir
de ese amor
de agua fresca
y de tu plumaje de pájaro común
ardiendo en el fuego de la utopía
del que no se sabe
si quedarán cenizas?
(De “Écris la vie” [“Escribe la vida”], 2005)
Abdellatif Laâbi
lunes, 6 de septiembre de 2010
De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando hablamos del tiempo
De qué hablamos cuando decimos
esto, aquello, lo otro,
lo que siempre regresa,
lo que se va y no vuelve.
Las palabras se dicen aquí, en este momento
y retornan a su eterno sistema de silencio.
Y qué es el silencio...
el silencio es un brazo que se aleja,
la llama que se extingue,
las cenizas del fuego.
Y también es la tierra y el cielo,
el árbol y la lluvia,
cuando aún no han sido nombrados
y esperan existir en los labios humanos
Y hablamos y decimos
tiempo
y esto, aquello y lo otro.
Y al renacer en nombre
enmudecen las fuentes,
y se callan los ríos...
En el fondo del alma
hay un mar de silencio.
Teresa Martín Taffarel
De qué hablamos cuando decimos
esto, aquello, lo otro,
lo que siempre regresa,
lo que se va y no vuelve.
Las palabras se dicen aquí, en este momento
y retornan a su eterno sistema de silencio.
Y qué es el silencio...
el silencio es un brazo que se aleja,
la llama que se extingue,
las cenizas del fuego.
Y también es la tierra y el cielo,
el árbol y la lluvia,
cuando aún no han sido nombrados
y esperan existir en los labios humanos
Y hablamos y decimos
tiempo
y esto, aquello y lo otro.
Y al renacer en nombre
enmudecen las fuentes,
y se callan los ríos...
En el fondo del alma
hay un mar de silencio.
Teresa Martín Taffarel
jueves, 2 de septiembre de 2010
Mar eterno
Digamos que no tiene comienzo el mar
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes
José Emilio Pacheco
Empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes
José Emilio Pacheco
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