lunes, 22 de abril de 2019

Habla más suave


Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.
El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.
Sabes qué es el duelo, la desesperación
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.
Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.
Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos morenos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.
Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario.
Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.
Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas
y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.

Adam Zagajewski




sábado, 20 de abril de 2019

Canción del emigrado”


En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria, mas breve es
el tiempo concedido para admirar sus muros y sus torres.
Caminamos de este a oeste, ante nosotros rueda
el gran aro del sol
ardiente, a través del cual, como en el circo,
salta ágilmente un león domado. En ciudades extrañas
contemplamos las obras de viejos maestros
y, sin asombro, en añejos cuadros vemos
nuestros propios rostros. Habíamos existido
antes, e incluso conocíamos el sufrimiento,
nos faltaban tan sólo las palabras. En la iglesia
ortodoxa de París los últimos rusos blancos,
encanecidos, rezan a Dios, varios lustros
más joven que ellos y, como ellos,
impotente. En ciudades ajenas
permaneceremos, como los árboles, como las piedras.

Adam Zagajewski

jueves, 18 de abril de 2019

Banderas


Banderas, abrigos donde naciones
cansadas, negras por falta de sueños, vivaquean,
banderas, arrugadas sábanas de héroes,
banderas, dejad ya de taparnos los ojos,
volved a vuestros campos de algodón ,
volved a Asia.
¿No sabéis
que se acerca la noche
y que se inquieta un tornado
de estrellas y lentejuelas?

Adam Zagajewski


martes, 16 de abril de 2019

Aria






No soy ángel
que preside la vida
ni sabia
ni agorera.
Únicamente
soy una mujer
cálida
intensa
que en su más apartada
intimidad
cree tener voz
y canta.




Ana Ilse Gómez

domingo, 14 de abril de 2019

Canción del esposo soldado




He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

Miguel Hernández



viernes, 12 de abril de 2019

Mujeres con guitarra


Hay muchas mujeres lapidadas a lo largo
de la historia.
Su vida fue de jaurías y de toros rabiosos
de sangre alzada
de mordeduras largas.
Mujeres que le devolvieron al mundo
la embestida,
que se inmolaron o tuvieron que matar
para seguir viviendo,
esas que en la hora más oscura
roturaron el campo con sus uñas
para que vos y yo pasemos.
Hondas mujeres
que quizás una lenta madrugada
marcharon al fuego o a la horca
por cosas tales como desordenar
el orden público
por inventar una nueva manera de descifrar
la vida
por tener voz
o por infieles
o ateas.
Ellas ya no están. Sus cabezas reposan
sobre un siglo o dos. Sus ojos
ya no existen.
Pero de ellas perdura una hebra sutil
un hilo ciego que sin saberlo
nos hace crecer y despertarnos en la noche
con unas ganas inmensas de vivir
de derribar todos los muros
de desafiar todas las hogueras
así como de amar y de pulsar
todas
toditas las guitarras de la tierra.

Ana Ilse Gómez

miércoles, 10 de abril de 2019

Escombros de canto IV


Me duele el mundo de los hombres.
Con sus picos y palas
han levantado este escenario.
Nosotras somos intrusas
acostumbradas a vivir entre sangre
y sentir humedad caliente entre las piernas.
Amansamos nuestros miedos
y sentimos coraje por la vergüenza al sexo
y a la vida, que nos inculcaron nuestras madres.
Hemos comenzado a amar nuestros cuerpos.
Por eso me resisto / a venderme /
a dejarme vencer de cualquier otra forma.
Ser fuerte a pesar de las angustias.
Rodeada de estrellas / infinito / y rayos solares
que se nutren de mis heridas,
estoy cercada por un tiempo que no es el mío.
Doblo barrotes de soledad y displacer
dentro de sueños alargados donde
la razón se expande más allá de los razonamientos.

Kyra Galván





lunes, 8 de abril de 2019

Lilith



Pertenecía al linaje
de las diosas – pájaro.
Tenía ese par de alas bordadas.
Entonaba agudas melodías
y en su voz
era una mujer libre.
La eligieron para ser
la primer esposa de Adán.
Y por un tiempo él
conoció el placer
de la magia corporal
el olor del almizcle
y escuchó la música
de las esferas celestiales
en su periplo constante.
Luego quiso someterla.
Estar por encima.
Poseer lo que no puede ser poseído.
No entendía que ella era diosa
y que al levantarse desplegaba
la aurora entintada de violetas
y que en la noche comandaba el oscilar de las mareas
y que con sus brazos
orquestaba el coro de los pájaros.
¿Cómo podía quedarse
a los pies de aquél
que deseaba encadenarla?
¿Para qué servían las alas
si no para volar?


Kyra Galván

sábado, 6 de abril de 2019

La loca más cuerda



¿Quién es el ser humano más libre de la Tierra?
¿Quién es capaz de nacer más de una vez?
¿Quién habla con los árboles? ¿Quién llueve?
¿Quién viaja hasta el umbral de otra galaxia?
¿Quién comparte las aguas con las ninfas?
¿Quién ambiciona un tiempo sin subordinación?
¿Quién traspasa un espejo? ¿Quién es el espejo?
¿Quién brinda con Ulises en el puerto de Ítaca?
¿Quién sobrevive ileso a una tormenta dentro del corazón?
¿Quién desposa al destino? ¿Quién corteja a la muerte?
¿Quién emprende una gesta aun a sabiendas de una derrota cierta?
¿Quién para con su mano los relámpagos de un dios?
¿Quién sueña con androides que soñaron con ovejas eléctricas?
¿Quién ha visto su alma? ¿Quién vence a los molinos?
¿Quién tiene largos trenes recorriendo la estepa de sus venas?

¿Con quién es comparable la belleza del fuego?
¿A quién le pertenece lo que no es de nadie?
¿Por quién siguen doblando las campanas?

¿Quién puede competir con la imaginación?



Raquel Lanseros

jueves, 4 de abril de 2019

La inmortalidad


Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

Luis García Montero


martes, 2 de abril de 2019

Invocación



Que no crezca jamás en mis entrañas
esa calma aparente llamada escepticismo.
Huya yo del resabio,
del cinismo,
de la imparcialidad de hombros encogidos.
Crea yo siempre en la vida
crea yo siempre
en las mil infinitas posibilidades.
Engáñenme los cantos de sirenas,
tenga mi alma siempre un pellizco de ingenua.
Que nunca se parezca mi epidermis
a la piel de un paquidermo inconmovible,
helado.
Llore yo todavía
por sueños imposibles
por amores prohibidos
por fantasías de niña hechas añicos.
Huya yo del realismo encorsetado.
Consérvense en mis labios las canciones,
muchas y muy ruidosas y con muchos acordes.
Por si vinieran tiempos de silencio.

Raquel Lanseros


jueves, 28 de marzo de 2019

Promesas que cumplir


Nací en el sur de Europa, donde todos los pueblos se quedaron.
Soy hija del camino, el azar y la distancia.
Amo el decir callado de los que piensan hondo
y el tintineo feliz de quienes sueñan.
En cada surco encuentro una nueva llanura
en cada madrugada semillas del crepúsculo.

Defiendo la memoria como la patria íntima
el único dominio con vino de justicia.
Reniego del rugido de expertos bien pagados
al servicio de réditos que nunca son el nuestro.
No tengo fe en la cháchara de este tiempo de máscaras
me ocasiona urticaria la versión oficial.

Soy partidaria
del fuego que consume, pero también calienta.
He aprendido que todo en la vida tiene un precio
con dinero se paga el de la bisutería.
Me gustan las palabras cansadas del camino
ésas que a vida o muerte se empeñan en decir.

¿Soy épica o hermética?
¿Versicular o clara?
¿2.0 o mística?
Quién sabe. Nadie es buen sastre propio.
Escribo porque intuyo que mi ambición mayor
es volver a nacer.

A veces me he atrevido a asomarme a la sima
la oscura, la lejana, la misteriosa: yo
y ha llenado mi ánimo una certeza insólita
yo no existo –es verdad– pero el tiempo tampoco
sólo es ausencia limpia en un cielo de arena
indiferente a mí que día a día se ilumina.

Allí quiero que mires cuando yo ya esté lejos
para gritar con fuerza todo vuelve a empezar.

Raquel Lanseros

lunes, 25 de marzo de 2019

Corazón partidario



Mi corazón, lo sabes,
no está con el que triunfa o que lo espera,
con el juramento mercader
que acecha el buen provecho,
se agazapa, salta sobre la utilidad, que es su querida,
busca ganancia en el abrazo,
obtiene renta de las mariposas y pone rédito a la luz,
cobra recibo por los amaneceres milagrosos,
por cambiante gracia del color
de una invisible rosa apresurada,
dulce y apresurada
como si fuese un hombre o una llama
o una felicidad humana: sí.
Mi corazón no está con el hombre que sabe
de la verdad todo lo necesario
para olvidar el resto de ella,
satisfecho del viento, poderoso del humo,
canciller de la niebla,
rey acaso, pero nunca de sí.

Carlos Bousoño

sábado, 23 de marzo de 2019

Campo de batalla


Campo de batalla, de Ángel González

Hoy voy a describir el campo
de batalla
tal como yo lo vi, una vez decidida
la suerte de los hombres que lucharon
muchos hasta morir,
otros
hasta seguir viviendo todavía.
No hubo elección:
murió quien pudo,
quien no pudo morir continuó andando,
los árboles nevaban lentos frutos;
era verano, invierno, todo un año
o más quizá, era la vida
entera
aquel enorme día de combate.
Por el Oeste el viento traía sangre,
por el Este la tierra era ceniza,
el Norte entero estaba
bloqueado
por alambradas secas y por gritos,
y únicamente el Sur,
tan sólo
el Sur,
se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos.
Pero el Sur no existía:
ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza
llenaban su oquedad, su hondo vacío:
el Sur era un inmenso precipicio,
un abismo sin fin de donde,
lentos,
los poderosos buitres ascendían.
Nadie escuchó la voz del capitán
porque tampoco el capitán hablaba.
Nadie enterró a los muertos.
Nadie dijo:
“dale a mi novia esto si la encuentras
un día”
Tan sólo alguien remató a un caballo
que, con el vientre abierto,
agonizante,
llenaba con su espanto el aire en sombra:
el aire que la noche amenazaba.
Quietos, pegados a la dura
tierra,
cogidos entre el pánico y la nada,
los hombres esperaban el momento
último,
sin oponerse ya,
sin rebeldía.
Algunos se murieron,
como dije,
y los demás, tendidos, derribados,
pegados a la tierra en paz al fin,
esperan
ya no sé qué
-quizá que alguien les diga:
“amigos, podéis iros, el combate…”
Entre tanto,
es verano otra vez,
y crece el trigo
en el que fue ancho campo de batalla.

Ángel González

miércoles, 13 de marzo de 2019

Soy




Soy el que sabe que no es menos vano
que el vano observador que en el espejo
de silencio y cristal sigue el reflejo
o el cuerpo (da lo mismo) del hermano.

Soy, tácitos amigos, el que sabe
que no hay otra venganza que el olvido
ni otro perdón. Un dios ha concedido
al odio humano esta curiosa llave.

Soy el que pese a tan ilustres modos
de errar, no ha descifrado el laberinto
singular y plural, arduo y distinto,

del tiempo, que es de uno y es de todos.
Soy el que es nadie, el que no fue una espada
en la guerra. Soy eco, olvido, nada.

Jorge Luis Borges

lunes, 11 de marzo de 2019

El instante





¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?

El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.

Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados

espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.


Jorge Luis Borges

sábado, 9 de marzo de 2019

La victoria



En un libro de versos salpicado
por el amor, por la tristeza, por el mundo,
mis hijos dibujaron señoras amarillas,
elefantes que avanzan sobre paraguas rojos,
pájaros detenidos al borde de una página,
invadieron la muerte,
el gran camello azul descansa sobre la palabra ceniza,
una mejilla se desliza por la soledad de mis huesos,
el candor vence al desorden de la noche.


Juan Gelman

jueves, 7 de marzo de 2019

SEGUIMOS VIVOS



El mundo se derrumba,
ya lo dijo Ilsa.

Sus límites hace tiempo que dejaron de ser unión
para convertirse en frontera,
el cielo perdió su azul
y la violencia llena ahora de gris la mirada
de quien osa mirar hacia arriba,
los golpes vienen de tantas direcciones
que el dolor ya casi no sorprende,
quienes se autoproclaman defensores del país
lo destruyen con cada palabra
—malditos aquellos que usan la palabra para engañar—.

Pero también es cierto
que millones de voces unidas
cantando lo mismo
suenan mejor que una mentira,
que una sonrisa de alguien a quien le han robado todo
vale mucho más que un billete en primera clase,
que no hay nada más poderoso
y bonito
que dos manos unidas en un terremoto.

Porque seguimos vivos,
de pie y todos juntos,
y eso les escuece.
Porque mientras ellos asesinan
surgen héroes que se atreven a plantarles cara
pese a que ellos les reciban con la mano abierta.
Pero la verdad es que tienen miedo
porque cuanto más aprietan la soga
menos manos les quedan para ahogarnos,
y llegará el día en el que se queden sin cuerda
y no tendrán quien les salve.

Que tiene más vida
el alma de quien no tiene nada
porque se lo han quitado
que el alma de quien tiene todo
porque lo ha robado.
Y al final de eso se trata,
de estar vivo.

Porque el mundo se derrumba

pero nosotros nos enamoramos.



Elvira Sastre




martes, 5 de marzo de 2019

LOS POETAS TRABAJAN DE NOCHE


Los poetas trabajan de noche
cuando el tiempo no les urge,
cuando se calla el ruido de la multitud
y termina el linchamiento de las horas.
Los poetas trabajan en la oscuridad
como halcones nocturnos o ruiseñores
de canto dulcísimo
Y TEMEN OFENDER A DIOS.
Pero los poetas, en su silencio,
hacen mucho más ruido
que una dorada cúpula de estrellas.



ALDA MERINI

domingo, 3 de marzo de 2019

SOU FEITA DE RETALHOS


SOU FEITA DE RETALHOS

Sou feita de retalhos. Pedacinhos coloridos de cada vida que passa pela minha e que vou costurando na alma. Nem sempre bonitos, nem sempre felizes, mas me acrescentam e me fazem ser quem eu sou.

Em cada encontro, em cada contato, vou ficando maior… Em cada retalho, uma vida, uma lição, um carinho, uma saudade… Que me tornam mais pessoa, mais humana, mais completa.

E penso que é assim mesmo que a vida se faz: de pedaços de outras gentes que vão se tornando parte da gente também. E a melhor parte é que nunca estaremos prontos, finalizados… Haverá sempre um retalho novo para adicionar à alma.

Portanto, obrigada a cada um de vocês, que fazem parte da minha vida e que me permitem engrandecer minha história com os retalhos deixados em mim. Que eu também possa deixar pedacinhos de mim pelos caminhos e que eles possam ser parte das suas histórias.

E que assim, de retalho em retalho, possamos nos tornar, um dia, um imenso bordado de ‘nós’.

 Cris Pizzimenti

viernes, 1 de marzo de 2019

NO SÉ NÃO SEI




NÃO SEI

Não sei…
se a vida é curta
ou longa demais para nós.

Mas sei que nada do que vivemos
tem sentido,
se não tocarmos o coração das pessoas.

Muitas vezes basta ser:
colo que acolhe,
braço que envolve,
palavra que conforta,
silêncio que respeita,
alegria que contagia,
lágrima que corre,
olhar que sacia,
amor que promove.

E isso não é coisa de outro mundo:
é o que dá sentido à vida.

É o que faz com que ela
não seja nem curta,
nem longa demais,
mas que seja intensa,
verdadeira e pura…
enquanto durar.


Cora Coralina

miércoles, 27 de febrero de 2019

Yo mujer



Danza el ritmo del Cosmos en mi vientre:
la noche despierta el poder del aliento en el laberinto de mis entrañas,
un racimo matizado de luna acaricia el resplandor de mi mirada,
llevo una filigrana de estrellas cautivas en mi frente.
Soy Mujer-hija del sol:
un antiguo y añorado fuego volcánico incendia la madera sagrada de mi anatomía,
y destierra ese olor a fango y arcilla que yace en mis poros.
Soy Mujer -jardinera fecunda del infinito -que no comienza ni termina nunca-.
Yo parlamento con el espíritu impetuoso de los árboles y los peces.
Una cría de pájaros cantores navega comarcas de musgo
por entre la enramada de girasoles en mi pecho
como un bosque de pelos que trenzan un nido.
Soy Mujer-tiempo,
brisa fresca, suave brisa entre las piernas,
que se arquea en la curva cordillera de los días.
Cuando el alba crece,
dejo huellas en la arena:
una corriente de aguas se vierte por el continente de mi vulva senti-pensante,
brotan de ella mariposas escarlatas,
para hacer la vida siempre nueva.
Soy mujer-útero,
manantial inagotable que sustenta la frutaesencia humana, la inaugura…
Arrullo de verde selva en el abril florido, donde se alimenta el tronco del mundo.
Agricultura de la tierra fértil donde la semilla se abriga bajo el sueño de la savia,
cáscara adentro, músculo adentro, pulpa adentro, raíz adentro.

lunes, 25 de febrero de 2019

Viaje


me acuesto en tu olas
expando mis brazos
como crisálida en transformación.
Nado
y me creo flor de loto.
Mojo mis cabellos en tus aguas,
me peinas con el vaivén
me desenredas.
Mis rizos encaracolados
se alargan con la marea.
Siento tus manos protectoras
masajearme el cráneo
las sienes
suena a verde
y el sonido va aclarando hasta
azulado.
El fondo resuena.
El eco
me susurra contundente:
((negra))
con mis ancestras
viajo
a nado.
Siento otros cuerpos
pegajosos.
El vaivén se intensifica
apesta
ella grita
molesta por el azote.
Arde cuando me penetra,
me da asco
lloro.
Duele alejarse de la madre
de la tierra
la raíz sufre.
La corriente me hala el cabello
me revelo
corro
lucho
corro
soy libre.
Vuelvo al agua
se posa quieta en mis rodillas
aunque siento que me llega al cuello
lavo
el sucio de los blancos
saco el negro de sus cuellos.
Siento el sudor
que nace en los poros de mi cabeza
viaja por la raíz
de mis pelos hasta el cuello
me seco.

sábado, 23 de febrero de 2019

Negra



Mujer Negra
Múltiples rostros
Incontables nombres.
Digo ¡Negra!
Y me atrapa esa palabra bruja de ritual olvidado
Eufonía poderosa.
Mujer
También eres el color de tu piel azabache
enamorador arcoíris prieto
Ojos de gata nocturna
Princesa beligerante avivando a su pueblo bello durmiente.
Comprendo tu deseo a no ser invocada por esta señal
No fuiste tú quien creó esa sentencia para ti y tus hermanas,
Pero yo me he enamorado de ti como Negra
De sonrisa rebelde
Piel contestataria
Alegría indestructible
Cabello cimarrón
Y amor dadivoso.
En mi alma te invoco
Negra, Negra, ¡Negra!
Y quiero que sea verdad ese miedo del blanco
A tu desteñir y tiznar al roce epidemial.

jueves, 21 de febrero de 2019

Ombligo




Inventé soledades que crecieron como hierba fresca
en mi ombligo,
árboles para moverme como serpiente milenaria,
excusas para llegar a tiempo a mi encuentro,
mapas hechos a base de espejos en mi cuerpo.
Inventé un laberinto de líneas violetas para seguirlas,
espacios en blanco para llenarlos de divinidad,
aire por el que evaporarme,
lunas que ovulen mi espíritu,
ríos caudalosos,
vaginas de la mujer bendita que hace crecer los campos.
Inventé sonidos chamánicos para escuchar la voz
del indio sabio,
esencias rítmicas que aviven mis ancestros,
desiertos para habitarlos,
cielos en la tierra,
cielos en el infierno.
Inventé movimientos que se funden con el agua,
olas que son caderas de mulatas absorbidas por la arena,
lágrimas que fecundan la tierra virgen,
fuegos invisibles que no me queman,
pero que me elevan.
Inventé muertes para vivirlas,
vidas para perderlas en un suspiro.
Allí me encontré,
naciendo en mi ombligo.
 Lilián Pallares

martes, 19 de febrero de 2019

Diferencias



What difference does it make?
Siempre he aparecido como los demás
No me oigo diferente
Am I Different?
Si mis padres no hablan inglés, bueno
Y si las tradiciones de mi familia son diferentes
What if I am different?
Siento las mismas emociones
Me siento en las mismas clases
Me entero de las mismas cosas
What is different?
Mis raíces mexicanas me han formado
Por eso soy mexicana-americana pero,
What difference does it make?

Maria Jiménez

domingo, 17 de febrero de 2019

Ni de Aquí, Ni de Allá



Estoy aquí y me siento diferente
Voy para allá y me siento igual
Me pregunto, ¿de dónde soy?
¿De aquí o de allá?
Aquí me dicen “mexican”
Y allá me dicen “gringo”
¿Por qué no se ponen de acuerdo
Y me llaman el uno o el otro?
Me mudaré a la frontera
Así no seré ni aquí ni allá
Tal vez allí es donde pertenezco
O tal vez allí es donde nací
Mis raíces están allá
Pero mi vida está aquí
Tengo el orgullo Mexicano
Pero el modo Americano
Un día escucho a Vicente Fernández
Y para el otro a Michael Jackson
Bailo banda al igual que hip hop
Como tacos al igual que hamburguesas
Tal vez la pregunta no sea
¿De dónde soy?
Sino la pregunta es
¿De dónde me siento?
Me siento de aquí estando allá
Y de allá estando aquí
Pero casi siempre me siento
¡Ni de aquí, ni de allá!

viernes, 15 de febrero de 2019

La Mujer del Otro Lado



Todos me dicen que me debo asimilar,
Que debo escoger,
Que con el tiempo me voy a acostumbrar,
Pero me resigno a ser un títere,
 Y les voy a demostrar,
No soy mexicana,
No soy americana,
Soy mexicana-americana,
Las dos cosas son lo mismo,
No parezco americana,
 pero si hablo el inglés,
No uso un rebozo,
pero si me casaré,
en una iglesia bajo las leyes de dios,
donde no importe el ayer,
No me gusta la horchata,
Pero valió con la banda,
Me levanto con rancheras,
y me visto con Marchesa,
Me encantan los frijoles,
Las enchiladas no se diga,
Con las manos en la masa,
Siempre yo estaré
Porque el nopal en la frente,
 siempre lo tendré,
Para ayudarme a recordar,
Que no soy la mujer tradicional,
Soy una mujer,
Humilde,
Luchadora,
Independiente,
Enorgullecida por sus dos culturas.
Nacida ciudadana,
Con las venas enyerbadas,
Con la cultura mexicana
Y una  honra americana.
Así que no me pienso asimilar,
Ni pienso escoger,
Ni con el tiempo me voy a acostumbrar,
No soy un títere,
Y les voy a demostrar.
Que yo puedo ser la voz
De mi misma identidad.

Sylvia Mejia


miércoles, 13 de febrero de 2019

SOBRE EL MITO DE SANTA TECLA



Un hombre pedirá  mi mano
y me la cortaré.
Nacerá otra
y volveré a cortarla.

El hombre pensará:
qué perfecta mujer, es un árbol de manos:
podrá ordeñar las cabras,
hacer queso,
cocer los garbanzos,
ir por agua al río,
tejer mis calzoncillos.

Pero yo seguiré cortando mis manos
cuando me diga:
Mujer, te he pedido,
y debes ordeñar las cabras.
Mujer, eres mía,
trae agua del río,
sírveme el queso,
ve al pueblo por vino.

Mis manos caerán como caen las flores
y se moverán por el campo,
necias:
No ordeñarán las cabras,
no irán por vino al pueblo,
jamás zurcirán sus calzoncillos
y nunca,
mucho menos,
acariciarán sus testículos.

El hombre dirá:
Qué mala mujer,
es una maldición de manos.

Irá por un hacha,
cortará mis brazos.
Nacerán nuevos.
Entonces pensará
que el inicio de la vida se encuentra en el ombligo
y cortará mi cuerpo en dos.

Mis miles de manos cortadas
se volverán azules
y se moverán.
Secarán el trigo,
jugarán con el agua,
secarán el río,
arrancarán las raíces del pasto,
envenenarán a las cabras,
al queso.

Y el hombre pensará:
Qué maldición más grande:
prohibido debe estar pedir a una mujer
que tiene voluntad.

 Elena Salamanca


lunes, 11 de febrero de 2019

Mujer, no caminas sola



No hay camino que no haya sido ya andado
por las mujeres que vivieron antes.
No caminas sola.
Demeter, Perséfone, Artemisa, Diana…
Todas ellas han estado aquí antes que tú.
No caminas sola.
Sus viajes, sus vidas, sus historias
permanecen para guiar tu camino.
Escucha a las mujeres que
han caminado antes que tú.
No te perderás.
Cuando busques el camino,
mira a la Madre Naturaleza:
los ríos fluyen al mar,
los árboles cambian con las estaciones,
la Tierra produce alimento,
el cactus florece en el desierto.
La mujer sabia se aferra instintivamente
a sus raíces.
Seguir a la Madre Naturaleza
es el camino de las mujeres.
Su comprensión radica en ver cómo son las cosas.
Guadalupe Cuevas

sábado, 9 de febrero de 2019

Cada vez


cada vez que
dices a tu hija
que le gritas
porque la amas
la enseñas a confundir
rabia con bondad
lo cual parece una buena idea
hasta que ella crece y
confía en hombres que la lastiman
porque se parecen tanto
a ti

Rupi Kaur  

jueves, 7 de febrero de 2019

Soy Lilith


Soy Lilith
La que no es costilla de nadie
A la que no le interesa la promesa
del paraíso eterno
y construye
su propio cielo.
Soy Innana
La Diosa semilla
Vencedora en el inframundo
La justa y la vengativa
El amor y la lucha.
Soy Juana
la sabedora
la que cuestiona los privilegios
La que prefiere las letras
al matrimonio.
Soy Anaïs
La amante
La que escribe sus deseos
La del erotismo hecho mundo.
Soy Frida
La egocéntrica irreverente
La que ama con vehemencia
La comunista que recrea su propio arte.
Soy Judy
La que crea vulvas
La que hace que el planeta
conozca a otras mujeres
igual de locas.
Soy Lilith, Innana, Juana
Soy la mujer menstruante
Soy la dueña de mi cuerpo
La provocadora de mis orgasmos
La dadora
La bruja
La sabia
La que repta
La que siega las briznas
La que se inventa sus estrellas
Soy Anaïs, Frida, Judy,
La indecente
La puta
La que aborta
La que no se casa ni hace la cama
La que dibuja sus propios sueños
La que se trenza el cabello
La que se despeina con el viento
La que ama
La que no obedece
La que vuela
La que duerme con la luna
La que vive su hilarante vida
con profusos colores
y obscuridades inmensas.
Soy Lilith, la desobediente.
Soy mujer, mujer libre.
Laura Escobar

martes, 5 de febrero de 2019

No te enamores


No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe…
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y sienta un inmenso horror por las injusticias. Una que no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, jamás se regresa…

Martha Rivera Garrido

domingo, 3 de febrero de 2019

Soy india





Soy india.
Morena, chata de la cara,
en un país
obsesivamente racista.

Soy lesbiana,
en una nación
que compulsivamente me persigue.
Insisto,
en la libertad de decidir sobre mi cuerpo,
en territorio
de quienes realizan leyes
que buscan doblegarme.
No creo en su dios,
aun cuando habito un Estado
opresivamente católico.
Invoco a las diosas,
dentro de un patriarcado
que hace miles de años intenta ocultarlas.
Participo en la lucha laboral,
de un pueblo
ya comerciado y en las manos del patrón.
Conozco la importancia
de la labor contestataria,
cuando en mi patria
se encarcela a quien disiente.
Soy antiimperialista,
viviendo al lado de Bush.
Soy gorda,
en la cuna
de la tortura estética,
de la anorexia y de la bulimia.
He dado a luz,
en una era
que acabó con la esperanza,
ya hace tiempo.
Le apuesto a la lucha libertaria,
en el reino del televisor.
Soy pobre,
en un planeta
en donde comen migajas
tantos millones de pobres.
Soy feminista,
en una tierra hostil
a la palabra mujer.
Soy mujer.
En un tiempo
en que el feminicidio
nos ha vuelto desechables.
Por supuesto,
dicen que estoy loca,
extremadamente loca.
Que soy rara, que me he vuelto extraña.
Que no tengo lugar en el mundo.
Entonces, no me queda de otra:
Tengo que darle nombre al racismo,
que señalar el desprecio,
que elegir sobre mi vida,
que armarme antipatriarcal,
que inventar la fe para dársela a mi hija,
que rebelarme contra el patrón,
que escribir por la libertad a las presas políticas.
que denunciar al imperio,
que amar mi cuerpo,
que apagar el televisor,
que mostrar mis bolsillos,
que actuar contra la misoginia,
que buscar justicia para las mías,
que demandar castigo a los asesinos.
Es por todo ello,
que no tengo más remedio
que darles la mala noticia
a las buenas y tranquilas conciencias:
Estoy aquí.
Exigiendo a gritos,
la parte que me corresponde del mundo.
Y no voy a callarme la boca, ni a desaparecer.
Patricia Karina Vergara Sánchez

jueves, 31 de enero de 2019

Mujer


Vas caminando por la calle con miedo, cholita,
te están haciendo el amor
a su manera
con la vista.

Te pasa por vestirte como una puta,
por comprar esos vestidos que te marcan
las caderas,
el escote.
No culpes a los hombres,
tu concupiscencia
de gran maraca
que hace que te quieran someter.
No te quejes si ellos te quieren desvestir
por ser tan follable,
tan exquisita
que te lleven a un callejón,
te violen,
te bañen en su semen
y luego te dejen como un estropajo
por puta barata.

Camilà Almendra

martes, 29 de enero de 2019

Quise ser un hombre








Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.
Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.
Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi playera,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta años.
Quise ser hombre
para invitarlas a volar el periférico,
a bailar descalzas porque el América
le ganó al Guadalajara,
para llevarlas del brazo hasta una cama
donde no tengan que fingir orgasmos.
Pero soy mujer y, aunque puedo
compartir con ellas la poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
llenarlas de caricias prolongadas,
volar el periférico,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…
No es suficiente.
No les alcanza.
Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman.
Rosa María Roffiel

domingo, 27 de enero de 2019

Agradezco ser mujer


Agradezco ser un animal,
porque los hombres han puesto en peligro
la supervivencia del planeta.
Agradezco ser hembra,
porque el hombre no es el centro del universo,
sino apenas un eslabón más
en la cadena de la vida.
Agradezco que me digan que soy irracional,
porque la razón ha conducido
a los peores actos de barbarie.
Agradezco no haber inventado la tecnología,
porque la tecnología ha envenenado
el agua y el ozono.
Agradezco que me hayan colocado
más cerca de la naturaleza,
porque nunca estaré sola.
Agradezco que me hayan confinado
al hogar y a la familia,
porque puedo hacer de toda la Tierra
mi hogar y mi familia.
Estoy feliz de que me llamen ama de casa,
porque puedo apoderarme de la mía.
Estoy feliz de no ser competitiva,
porque entonces seré solidaria.
Estoy feliz de ser el reposo del guerrero,
porque puedo
cortarle el pelo mientras duerme.
Estoy feliz de que me hayan excluido
del campo de batalla,
porque la muerte no me es indiferente.
Estoy feliz de haber sido excluida del poder,
porque lejos del poder
me alejo de la ambición y la codicia.
Estoy feliz de que me hayan excluido
del arte y la ciencia,
porque los puedo inventar de nuevo.
Me agrada saber que dicen que mi cerebro
es más pequeño que el del hombre,
porque entonces
mi cerebro cabe en todas partes.
Me agrada que me digan que carezco de lógica,
porque entonces
puedo crear una lógica menos fría y más vital.
Me agrada que me digan que soy vanidosa,
porque puedo mirarme al espejo
sin sentirme culpable.
Me agrada que me digan que soy emocional,
porque puedo llorar y reír a gusto.
Me agrada que me digan que soy histérica,
porque entonces puedo lanzar platos
a la cabeza de quien intente hacerme daño.
Me gusta que me llamen bruja,
porque entonces puedo cambiar
la dirección de los vientos a mi favor.
Me gusta que me llamen demonio,
porque puedo quemar
el lecho donde me abusan.
Me gusta que me llamen puta,
porque entonces puedo hacer el amor
con quien me dé la gana.
Me gusta que me digan débil,
porque me recuerdan
que la unión hace la fuerza.
Me gusta que me digan chismosa,
porque nada de lo humano me será ajeno.
Pero lo que más agradezco,
lo que más me agrada,
lo que más me gusta
y lo que me hace más feliz,
es que me digan loca,
porque entonces ninguna libertad
me será negada.
Una y mil veces me quemó la Inquisición
y aprendí a nacer de las cenizas.
Me encerraron en un harén
y encerrada no dejé de reír.
Me pusieron un cinturón de castidad
y adquirí las artes de un cerrajero.
Cargué fardos de leña y me hice fuerte.
Me pusieron velos en la cara
y aprendí a mirar sin ser vista.
Me despertaron los niños a medianoche
y aprendí a mantenerme en vigilia.
No me enviaron a la Universidad
y aprendí a pensar por mi cuenta.
Transporté cántaros de agua
y supe mantener el equilibrio.
Me extirparon el clítoris
y aprendí a gozar con todo el cuerpo.
Pasé días bordando y tejiendo
y mis manos aprendieron
a ser más exactas
que las de un cirujano.
Segué trigo y coseché maíz,
pero me quitaron la comida
y con hambre aprendí a vivir.
Me sacrificaron a los dioses
y a los hombres
y volví a vivir.
Me golpearon y perdí los dientes
y volví a vivir.
Me asesinaron y me ultrajaron
y volví a vivir.
Me quitaron a mis hijos
y en el llanto volví a la vida.
Con tanta fortaleza acumulada,
con tantas habilidades y destrezas aprendidas,
Mujer, si lo intentas,
tú puedes dar vuelta el mundo…

Tatiana Lobo Wiehoff

lunes, 21 de enero de 2019

Cementerio


Tiene también la sangre sus revoluciones,
sus líderes y demagogos
que arengan al pueblo de las ansias
congregado en el corazón.
Tiene también la sangre sus masacres
—en nombre de oscurísimas razones—,
en las que mueren tantos inocentes:
los de pequeña voz, los tímidos
que no saben exponer sus deseos;
menos aún, imponerlos.
Mueren entre las venas, y de manera irrevocable,
lo mismo que acontece entre la historia.
Muere toda una grey de tristes oprimidos, pero
en la espantosa servidumbre del reemplazo
sucumben a su vez los opresores
sin que exista un recodo, un breve hueco
en que dejar sobre una lápida
constancia de su paso.
En la anónima fosa de la sangre
yacen mezclados víctimas y verdugos;
y en las terribles horas de la comprensión
qué imposible resulta distinguir
del corrompido olor de la esperanza degollada
el agrio aroma de sus asesinos.
Francisca Aguirre

sábado, 19 de enero de 2019

Hablo contigo…



Hablo contigo, ignoro dónde estás, hacia qué luz busca mi Ser el eco en que te escucho.
No hay usura en tu voz, yo sé que un aire limpio te respira, que algo redentor, alguna claridad que arrastra el río lleva
el pensamiento tuyo.
Hablo contigo, una intacta pasión vive en tu fósforo, una única luz que no se apaga mientras la muerte fluye, mientras
la muerte sufre esta palabra.
Y hablo, hablo contigo alrededor de un hueco, alrededor de mí como el que gira mutuo, como aquel que dentro de nosotros
es próximo y se acerca con su haz luminoso de pureza.
Hablo ante el destino que imagina el hombre, eso de desvalido, eso de delirante y turbio hablo contigo. Y es de noche,
es de noche en los dos como metal oscuro, y vemos como largamente la verdad extiende su único hilo de saliva,
un único alfabeto en el rumor de todos.
Hablo contigo, oh bondad compartida de quien es silencioso, sombra de esa sombra que aletea y es vuelo de semejante
elocuencia, el que escribe, el que escucha, el que lámina a lámina va enhebrando en el eco una voz que responde,
esa voz en mí mismo, la que nos alumbra y persuade desde más allá de la muerte.
Juan Carlos Mestre

jueves, 17 de enero de 2019

Los cuerpos del paraíso




Yo he visto a las mujeres que lloran en los parques, las que
danzan en la noche y se evaporan de pronto ante la mirada
de un hombre,
las florecidas en el amor, las muchachas que vuelan a los
nidos más altos, las que me quieren sin saber si las amo y
tocan el arpa las tardes con niebla,
las que sufren en mi corazón, las aromadas en música y las
que sueñan con pájaros,
las que tienen pena, las desnudas a la orilla de un río, las
dormidas para siempre sobre una almohada de nieve,
y las que cantan, las apacibles con una alondra en el pecho,
las que están en mi alma melancólicas, tristes, refugiadas
en sombra, las intactas del aire, las silenciosas, las hermosas
muchachas meladas del otoño.
Yo he visto a las amargas que van cruzando un puente y
gritan y la muerte las reúne conmigo, las dulces abatidas
que debajo de un velo murmuran y son bellas como pálidas
vírgenes,
las sosegadas en gozo que son flor de un domingo cuando
todo oscurece y las arrecogidas de alcoba mientras pasa la
vida.
Yo he visto una mujer que tenía un relámpago y un frasco
de palabras amarillas escondido en su cómoda, la que roe
todo el día como polilla su ébano y reparte adormideras al
acercarse la noche,
la paloma de seda que ha bordado el olvido y es perenne en
su torre y se parece a la idea de pensar en la lluvia,
las solas, que contemplan un álbum con fotografías y hojas
del jardín de los Bóboli, las que guardan secretos y huyen
por la noche a los nidales de pluma de los contrabandistas
enfermos.
Yo he visto a las mujeres ahogarse con un hilo de saliva y
silencio, gacelas devoradas por el fauno de la Luna en las
ventanas de mayo,
mujeres que recogen granadas en la huerta y las tiran a un
pozo para no ser afligidas, para mirarse en los espejos y es-
cuchar la lisonja de su propia figura,
muchachas con la llama de un astro entre las piernas, tum-
badas en la hierba con el pubis mojado por la espuma ma-
rina, por los labios del cielo que vigilan el alma.
Juan Carlos Mestre

martes, 15 de enero de 2019

Hay hombres...



Hay hombres que caminan por las calles
con un sol en la frente, un diamante de luz,
con hambre de otra vida, con aire de combate,
hay hombres que se sientan a la mesa
y reparten su pan con gusto solidario.

Hay hombres que despiertan y sonríen
mientras dicen: hoy es el día.
Dan la mano como un acto de fiesta,
saludan como cantando un himno.

Hay hombres que de noche tienen sueños justos,
destierran ángeles corruptos
y al despertar, para salvar la tribu
van presurosos a sus puestos de lucha.
Esos que son así, como usted, son los hombres libres.



Hamlet Lima Quintana

domingo, 13 de enero de 2019

La Breve Palabra



A veces el silencio es la palabra justa,
la que enciende las luces, la que mejor se escucha,
la que place o se sufre cargada de milenios,
la que otorga hermosura,
la flor del pensamiento.

En ese momento de la clara armonía,
de la mejor tristeza, de la entera alegría.
Es el gran fundamento que ronda a la grandeza:
tu palabra y la mía
habitan el silencio.

Por eso la palabra
debe ser pronunciada
como una ceremonia
con aire de campanas,
una fiesta del alma,
farol del pensamiento,
porque fue generada
por el mejor silencio.



Hamlet Lima Quintana

viernes, 11 de enero de 2019

La meta


Hay que llegar a la cima,
arribar a la luz,
darle un sentido a cada paso,
glorificar la sencillez de cada cosa,
anunciar cada día con un himno.
Hay que subir por esa calle ancha,
dejar atrás el horror y los fracasos,
y cuando entremos cantando por la cumbre,
estirar las manos hacia abajo
para ayudar a los que quedaron rezagados.

Hamlet Lima Quintana

miércoles, 9 de enero de 2019

Cogería más margaritas


Si pudiese volver a vivir mi vida, 
procuraría equivocarme más a menudo. 
No me esforzaría tanto. Sería más flexible. 
Haría más insensateces de las que hice en este viaje. 
Sería más alocada. Y menos escrupulosa. 
Me arriesgaría más. Viajaría más. 
Escalaría más montañas, nadaría en más ríos, contemplaría más puestas de sol.
Gastaría más gasolina. Comería más helados y menos frejoles. Tendría más preocupaciones reales y menos imaginarias. Porque yo soy una de esas personas que viven de manera previsora, con cordura y sensatez, 
a todas horas, día tras día.
Oh, desde luego, también he tenido mis momentos buenos 
y, si volviera a nacer, tendría más. 
En realidad, procuraría tener sólo eso, momentos buenos y nada más, uno tras otro.
En vez de vivir cada día con la mirada puesta en los años venideros. 
Yo he sido una de esas personas que no van a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un producto para hacer gárgaras, un impermeable y un paracaídas.
Si tuviese que repetirlo todo de nuevo, iría a otros lugares y haría cosas 
y viajaría más ligera de equipaje.
Si tuviera que volver a vivir mi vida, empezaría a andar descalza 
desde los primeros días de la primavera y no me calzaría hasta bien entrado el otoño. 
Faltaría a la escuela más a menudo. No sacaría tan buenas notas, 
salvo por casualidad. 
Me montaría en más carruseles.
¡Cogería más margaritas!

Nadine Stair