martes, 24 de mayo de 2016

CLANDESTINO




Llora el Ángelus Novus
de sus alas rasgadas brota
la sangre apocalíptica
de la catástrofe.

Son niños, hombres y mujeres en floración
han atravesado la curva árida
de una vida sin tregua
y escalado la sed de todos los abismos
en su pecho 
vibran las cuerdas
de una sinfonía
con los desacordes mudos
de sus cuatro movimientos
el hedor turbio
de la guerra
con sus alaridos de relámpago 
proclamando
el diluvio de los huesos
sus espaldas arrastran
los azotes de una ciudad 
fundida en ruinas
y un rocío
de pétalos marchitos 
le escuece el corazón
en su estómago 
cruje la cigarra del hambre
de sus labios aflora
el charco seco de la sed
y sus ojos recios
añoran semillas 
para un suelo seco.
Sopla el viento
en la huida
y como Orfeo
sabe 
que no puede mirar atrás
y corre
.............corre 
.......................corre
su aliento rastrea
el vestigio de algún paraíso
su voz no es una voz
es un chirrido de pájaro
volando hacia el ocaso
de todas las incertidumbres.
Ha llegado
deposita sus ojos húmedos
en tierra firme
pero la lluvia
sigue cayendo a chorros
sobre la planta reseca
de sus pies
apenas un soplo
para los harapos 
de sus sueños
¿Cuándo terminará su huida?
¿Existirá algún lugar sin fosas
que lo aguarde?
Detrás de cada huida
hay una luz
un cielo sin escombros 
en la desembocadura de los sueños.
Existe un puerto
de todas las ternuras cobijándolo.
Grita la voz del instinto.
Sueña con la hierba silvestre
brotando a chorros
por su sangre
danzan con furia 
sus párpados desamparados
con la voz de la promesa.

No sabe que en las ciudades
del norte
brillan glamurosos
los carteles
tras los focos luminosos
las sonrisas
espejismos de una dicha
a crédito
que se compra con visa o mastercard
el mundo navega
por las corrientes sin brújula
del gran mercado 
chupando el humus
de sus precarios habitantes.
Soles negros
en los rostros sin nombre
las ciudades del norte
erigen sus torres de acero
amurallando todos los delirios
labios sellados
para sus ruegos sin refugio
paneles sin miel
para la intemperie de sus lágrimas
ellos, los sin rostro
deambulan por el pavimento indiferente
de la gran ciudad.


María Germaná Matta